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RED LITERARIA

Rompiendo lanzas a favor de la 
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Última entrevista con Antonio Benítez Rojo:
Retrato de un novelista en traje de batalla 
por Sergio Andricaín
El hombre que está sentado frente a mí tiene la mirada aguda de quienes saben ver más allá de las apariencias en busca de lo esencial. Estamos en Miami, adonde vino invitado por el grupo editorial Santillana para presentar su más reciente novela: Mujer en traje de batalla, que apareció bajo el sello Alfaguara. Con voz profunda y sosegada, Antonio Benítez Rojo (La Habana, 1931) va respondiendo cada una de mis preguntas. Y lo hace de manera serena, sin que aflore ese apasionamiento que dicen que distingue a los cubanos.
      En 1967, Benítez Rojo se dio a conocer con el libro de cuentos Tute de reyes, ganador del premio Casa de las Américas. Al año siguiente, obtuvo el premio de cuento de la Unión de Escritores de Cuba con El escudo de hojas secas. Su primera novela, El mar de las lentejas, vio la luz en 1979. En 1980 abandona Cuba y se radica en Estados Unidos, donde ha escrito sus más recientes obras y ha desarrollado una destacada labor en el ámbito académico.

¿Cuál es el origen de su libro más reciente?
     Soy un investigador del Caribe, y hace como 25 años, leyendo sobre la historia de Santiago de Cuba, encontré una crónica escrita por Emilio Bacardí sobre un juicio que se le hizo en 1823 a Henriette Faber por haberse casado con otra mujer. Allí, en sus declaraciones, ella contaba su vida: por qué se había tenido que vestir de hombre, sus estudios de medicina en París, su participación en las guerras con Napoleón, su llegada a Cuba, etcétera. Siempre pensé que aquello era una novela en perspectiva. Pero no fui yo el único que vio esa posibilidad. Un autor cubano del siglo pasado, Francisco Calcagno, hizo una novela inspirada en el tema, que se titula Un casamiento misterioso y es malísima. Después, leí tres o cuatro artículos más sobre el personaje. Lo interesante es que cuando esta Henriette fue deportada de Cuba y llegó a Nueva Orleans, se le pierde el rastro por completo. No hay más información sobre ella. Cuando me fui de Cuba y entré en el mundo académico estadounidense, hice La isla que se repite, una colección de ensayos sobre el Caribe. Y, finalmente, después de terminar un libro de cuentos, me di cuenta de que era el momento de escribir esta novela que llevaba 25 años en mi cabeza. 

¿Qué tiempo le tomó escribirla?
     La escritura no fue larga. Son setecientas y pico de páginas, y las escribí en un año. Pero la investigación me tomó alrededor de dos años. Fui a París para averiguar cómo era la vida de un estudiante de medicina en aquella época, dónde podía vivir, las modas que se usaban. Después tuve que visitar el Museo de los Inválidos para ver los uniformes y las armas de la época revolucionaria y napoleónica. Me gusta ver las casas; los ropas, tanto el género como el color de las telas que se usaban en su confección, y esos detalles es muy difícil encontrarlos en los libros. También estuve en Nueva Orléans tratando, infructuosamente, de encontrar huellas de Henriette Faber. Todo eso me llevó mi tiempo y, además de mi tiempo, mi dinero, porque no era una simple investigación de biblioteca. Finalmente –y esto le pasa siempre a todos los novelistas que escriben novelas históricas, quienes en un momento dado tienen la ilusión de que han “atrapado” ese mundo– supe que había acabado la investigación y empecé a escribir. 

¿Cómo definiría a Enriqueta?
     Como un ser transexual, o transgenérico, si lo prefieres. Para mí ella es básicamente un ser humano en busca de la libertad total. El valor que tiene es que afronta todos los riesgos que puede traerle esa libertad. Es una mujer que se pregunta: “Si puedo ser amiga de hombres y de mujeres, ¿por qué con el sexo no puede ocurrir lo mismo? Si lo siento así, ¿por qué no lo voy a poder practicar?”. Así la veo: enfrascada en una permanente lucha por obtener la libertad en la vida, independientemente del precio que deba pagar por ella. 

Muchas mujeres opinan que los escritores hombres no son capaces de reflejar la psicología  femenina. ¿Qué opina de ese planteamiento?
     Soy un hombre, entonces me es más fácil escribir desde la voz de un personaje masculino que como uno femenino. Pero eso no significa que no pueda representar la psicología de la mujer. La literatura está llena de esos casos: desde Flaubert hasta Proust y Balzac. Por lo tanto, no es que no se pueda hacer. Quizás cueste más trabajo. Pero si uno desarrolla una investigación con ese propósito, si discute y conversa con algunas mujeres (mi esposa me fue muy útil mientras escribía la novela y algunas amigas mías, también), se puede llegar a lograrlo de una manera convincente. En la literatura todo es ilusión. Sin embargo, no creo que Mujer en traje de batalla sea una novela feminista por el hecho de que la narre un personaje femenino.

¿Reconoce influencias en su Mujer en traje de batalla?
     De autores, no de obras. Me inspiré en modelos; no es que los copiara, sino que me daban una idea literaria de lo que se podía hacer dentro de ese tipo de narrativa. Tolstoi, por supuesto; también, en cierta medida, las novelas de Víctor Hugo y Balzac. 

¿Cómo se relaciona esta novela con su producción anterior?
      Mis dos primeros libros, Tute de Reyes y El escudo de hojas secas, transcurren en Cuba, pero en ellos hay problemáticas que pueden identificarse como caribeñas y no sólo como cubanas. Ese es el caso del cuento “La tierra y el cielo”, protagonizado por haitianos cortadores de caña. Yo siempre he estado muy vinculado con el mundo del Caribe, pues los seis primeros años de mi vida los pasé trasladándome con mi madre de Panamá a La Habana. Para mí, las fortalezas, los piratas, los corsarios, todo ese universo, siempre ha sido muy importante. Así que, poco a poco, me fui metiendo como escritor en la literatura y en la historia del Caribe y nació en mí la idea de escribir una trilogía sobre esta región. La primera obra de ese proyecto fue El mar de las lentejas, que es una novela introductoria al universo caribeño. Después escribí los ensayos de La isla que se repite para explicar la cultura y la historia de esta área geográfica y luego abordé los horrores de las islas del Caribe, su violencia, en Paso de los vientos, un libro de cuentos ambientados en distintos momentos históricos. Mujer en traje de batalla se abre a Europa, pero sin romper con Cuba y el Caribe. Mi próxima novela se va a llamar Morro Castle, que fue el nombre de un barco que se incendió en medio del mar, y trata del vínculo estrecho que existía entre La Habana y Nueva York en los años 1930.

¿El exilio ha cambiado la proyección de su obra y su trabajo?
      ¡Cómo no! En Cuba no hubiera podido ser catedrático universitario, porque no poseo un título de Letras. Pero aquí, en Estados Unidos, sí es posible, sobre todo en las universidades privadas, como es la mía (Amherst College), pues puedo alcanzar el equivalente a un doctorado con mi obra. Gracias al exilio pude reunirme con mi familia, que estaba en este país desde 1968. A mí no me dejaban viajar y estuve separado de mi esposa y mis hijos durante 11 años. Además, vivir fuera de Cuba te brinda la posibilidad de ir al museo que necesitas para desarrollar tu proyecto literario. Está también, por supuesto, el hecho de poder hablar, de decir lo que a uno le da la gana, incluso en la misma literatura, al no tener censura. El exilio ha sido una experiencia vital. No sería el de hoy si no hubiera pasado por él. En el exilio conocí la teoría del caos, que es determinante en mi obra. Ella explica por qué hay determinados grupos sociales que parecen insignificantes, pero que adquieren mayor fuerza que los demás dado que evolucionan de forma exponencial, marcando la cultura y la historia de sus países. Esta teoría es fundamental para explicar la historia de los países del Caribe, entre ellos, Cuba.

¿Se puede hablar de una literatura cubana en el exilio? ¿Qué opina de ella?
      Sí, claro que se puede hablar de ella. Tiene que ser más abierta que aquella que escriben en Cuba actualmente. Aunque no hay una diferencia brutal entre ambas por la sencilla razón de que todos estuvimos en Cuba y empezamos a escribir allí. Sin embargo, ni La isla que se repite ni Mujer en traje de batalla pudieron haber sido escritas en Cuba.

¿Cuál cree que será el futuro de Cuba?
      Hay muchos escenarios posibles. Fidel Castro no ha establecido nada que pueda interpretarse como una transición. El día que muera es muy probable que se dé un vacío de poder que muchos tratarían de ocupar. Quizás ocurra una guerra civil, lo cual originaría la intervención de Estados Unidos, de Naciones Unidas o de la OEA. Cuba pudiera convertirse en otra Bosnia. Aunque también podría darse un cambio más pacífico, pero dudo que el atractivo del poder no origine una disputa por apoderarse de él.

¿Volvería a vivir en la Isla?
     No. Sólo iría como turista. Desde que me fui, no he vuelto. Tampoco tengo contactos con los viejos amigos que quedan allí. En la búsqueda de autonomía, mi salida de Cuba fue una ruptura. Había viajado mucho durante mi infancia y estudié en Estados Unidos. Vivir en Cuba no me resulta tan imprescindible como a otras personas. Llevo 21 años en Nueva Inglaterra y me he acostumbrado a todo: al clima y la temperatura, a la manera de ser de la gente…Pero sí volvería como turista para ver La Habana, la ciudad donde nací. Una persona de mi edad no está para enfrentarse a un período de transición que va a ser duro y muy difícil. 

 

Sergio Andricaín (Cuba). Licenciado en Sociología en la Universidad de La Habana. Investigador y crítico literario. Ha publicado Escuela y poesía, Puertas a la lectura, Espacios para la promoción de la lectura, Cuentos de hadas de hoy y de mañana y El libro de Antón Pirulero, entre otros títulos. Editor de la revista electrónica especializada en libros para niños Cuatrogatos (http://www.cuatrogatos.org).