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RED LITERARIA

Rompiendo lanzas a favor de la 
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Entrevista con Benigno Dou 
por Red Literaria
    Siempre resulta una sorpresa cuando un autor desconocido es premiado o resulta finalista en algún importante concurso. La última de estas sorpresas la dio Benigno Dou, cuya novela Luna rota acaba de ser publicada por la editorial Planeta después de haber sido finalista en la edición 2001 del Premio Azorín. Según reza la nota de la editorial, "Benigno Dou nació y creció en Caracas, se hizo hombre y escritor en La Habana, pero nunca ha podido pasar del todo ni por caraqueño ni por habanero. Tal vez por eso vive en Miami, donde su acento mixto lo delata menos. Artesano y traductor en Cuba; buhonero y profesor de idiomas en Venezuela; botones y repartidor de pizzas en Estados Unidos, ejerció toda suerte de oficios hasta que echó raíces en el periodismo". Actualmente, trabaja como jefe de redacción del diario El Nuevo Herald. RED LITERARIA le hizo una breve entrevista: 

      RL: Su biografía lo delata como un personaje casi de novelas. ¿En qué medida cree que esas experiencias han alimentado su ficción? ¿Se siente más cubano que venezolano?
      BD: Mi biografía no tiene nada de extraordinario. No para la época que me tocó vivir, la segunda mitad del siglo XX. Los conflictos ideológicos y sociales, dividieron familias, separaron gobiernos, enfrentaron países y obligaron a millones de personas a emigrar, geográfica o emocionalmente. El resultado fueron vidas fracturadas, desarraigadas, pero intensas y casi de novela como la mía. La diferencia es que un escritor se alimenta, o se envenena poco a poco, de esas circunstancias. En mi caso, en efecto, no hubiera podido escribir Luna rota si mi madre no nos hubiera abandonado de niños para hacer la revolución, si mi padre —llegado a Venezuela en busca de fortuna en el año 48— no se hubiera suicidado (en el sentido clasista) abandonado su negocio millonario en Caracas para llevarnos a vivir la utopía del socialismo en La Habana. Finalmente, el hecho de haber vivido años formativos muy importantes en Cuba (de los 11 a los 25) me marcaron profundamente, para bien o para mal. Estoy orgulloso de ser venezolano y me emociono al escuchar “La vaca mariposa” o “La grei zuliana”, pero cuando hago el amor no acabo, me vengo.

      RL: ¿Cuáles son sus autores preferidos? ¿Cuáles creen que lo han influido?
      BD: Reconozco que mis lecturas, y por tanto mi formación literaria, han sido tan inconstantes y fracturadas, como mi vida. Hay decenas de grandes escritores que no he leído y que probablemente ya no lea, porque cada vez es mayor mi pereza intelectual. Entre los que sí he leído, no puedo dejar de mencionar, entre los novelistas, a Hugo, Balzac, Flauvert, Tolstoi, Dostoievsky, Mann, Proust , Kundera. Entre los de habla hispana, Cervantes, Pérez Galdós, Gallegos, Vargas Llosa. Un favorito poco conocido: Francisco Herrera Luque, venezolano. En una época leí mucha poesía. Los autores que más disfruté, o los que más me influyeron: Shakespeare y Quevedo, claro, y de ahí brinco sin ninguna vergüenza, y saltándome a todos los grandes nombres de la poesía francesa del XIX y el XX y sus seguidores en todo el mundo, a Whitman, e.e.cummings, William Carlos Williams, Pound, Ginsberg. Confieso un breve encantamiento con Urtrecho y Cardenal. Una admiración sin límites por Cavafys. Dos contemporáneos menos famosos que también admiro: Carlos Victoria, novelista, y Néstor Díaz de Villegas, poeta. Tres libros que me estremecieron: El idiota, Fuera de juego, Catcher in the rye.

      RL: Hasta el momento, la cubana Daína Chaviano es el único escritor latinoamericano que ha obtenido el Premio Azorín. Con tan honroso precedente, ¿cómo tomó usted la recomendación del jurado de ese concurso para que Planeta publicara su novela? 
      BD: Me gusta la literatura de Daína Chaviano y por supuesto conocía el precedente cuando envié Luna rota al Azorín. Hombre, tenía tanta hambre de ganar como ella, hembra. Pero me conformo con la recomendación del jurado y la publicación por Planeta.

      RL: ¿Podríamos pensar entonces que ese premio dado a una coterránea —que, además, vive en su misma ciudad— lo decidieron a probar suerte en el Azorín? 
      BD: Realmente, no. Sólo seguí el consejo de otros autores hambrientos de reconocimiento. Me compré una guía de concursos literarios y decidí enviar mi novela a los que me parecieron más atractivos. El Azorín, simplemente, fue mi segunda elección. Y me acompañó mi fiel suerte de segundón.

      RL: Antes de Luna Rota, sólo había publicado dos libros de poesía: Palabras encantadas y Frente al espejo purificador. En lo personal, ¿se inclina más hacia la poesía que hacia la prosa? 
      BD: Excepto durante unos años de fervor adolescente, siempre escribí muy poco, seguramente por mi tendencia al hedonismo. Y escribía sólo poesía, por la misma razón: un poema exige menos tiempo y trabajo artesanal que un cuento o una novela. Por eso aún no sé cómo logré terminar Luna rota.  Tres cosas me ayudaron mucho, creo: mi trabajo como periodista durante los últimos diez años; la computadora, que me ahorra tedio y tiempo; y el aliento y los consejos de mi amigo Carlos Victoria, el mejor novelista cubano de todos los tiempos. Digamos que he aprendido a administrar mis tentaciones y mi pereza, y por eso ahora escribo prosa. Incluso tengo actualmente una novela y un libro de cuentos en proceso: dos proyectos que unos años atrás no hubiera siquiera concebido al mismo tiempo.

      RL: ¿Quiere decir que no volverá a escribir poesía?
      BD: Claro que no. La poesía es mi primer amor, y un primer amor nunca se olvida, como dice Raimundo (y todo el mundo).  Es, además, como el VIH (o HIV): un virus que se mantiene a raya, pero no se cura.

      RL: Se dice que toda obra de ficción tiene su origen en algún detonante de la vida real. ¿De dónde surge la trama de Luna Rota?
      BD: En mi infancia, de cerca, y luego en toda mi vida, de lejos, hubo un ser mágico que alimentó mi imaginación: mi abuela materna, que había abandonado a su marido y a sus hijas para entrar a un convento, y luego el claustro para fundar un asilo de ancianos por su cuenta. Escribir sobre ella, contar su vida, sus anécdotas increíbles, siempre fue una tentación y un reto que no pude superar hasta que logré distanciarme y comprender que, para escribir la novela de la vida de mi abuela, tenía que matar a la verdadera protagonista e inventarme una nueva Felicidad de los Pobres, que podía llamarse igual o no, pero que se comportaría según los caprichos de la literatura y no los suyos propios. Dicho en otras palabras: sólo la libertad, el desparpajo total para modificar la biografía del personaje real,  le dieron vida al personaje central de Luna rota.

      RL: Como escritor, ¿le atraen más los personajes femeninos que los masculinos? ¿Piensa seguir elaborando tramas donde las mujeres llevan la voz cantante de la anécdota?
      BD: Los personajes femeninos jugaron un papel importante en mi vida: el de la ausencia. Me crié sin madre, sin tías, sin las dos hermanas que tengo. Tal vez eso explique mi obsesión literaria (y mi torcida relación en la vida real) con las mujeres. Pero la vida siempre es más compleja que un dato biográfico. Y la literatura más aún. Mi próxima novela tiene como personajes centrales a dos hombres: un clásico mujeriego y jodedor cubano, y su hijo abandonado por la ideología... Homosexual este último, por más datos.

      RL: Los lectores —y los aspirantes a escritores— siempre se interesan por saber el método que utilizó un autor para escribir una novela. ¿La planeó desde un principio? ¿Fue surgiendo a retazos? ¿Qué pudiera contarnos sobre el crecimiento y desarrollo de Luna rota?
      BD: Mi capacidad de planear no va más allá de organizar una fiesta de cumpleaños o una cena con mis amigos. Siempre he actuado más por impulsos que por cálculo. Y Luna rota no fue la excepción. Surgió de un impulso que fue estructurándose en conversaciones informales con un amigo agudo e ingenioso (Humberto Castelló), en medio del humo de nuestros cigarrillos y el bullicio de un bar, y luego encarnando en la pantalla de mi Hewlett Packard, en largas jornadas de humilde trabajo artesanal. El plan, pues, fue surgiendo de la trama misma y no a la inversa. Y la lógica estructural que parece tener el resultado final me sorprendió más que a nadie.

      RL: Ya nos ha contado que actualmente trabaja en una novela y dos libros de cuentos. ¿Puede adelantarnos algo sobre estos proyectos? ¿Qué temas o ángulos aborda? 
      BD: De mi próxima novela, que actualmente decidí poner en el letargo del adobo (como diría la más universal y vendida de nuestras autoras, Nitza Villapol), ya dije suficiente. El libro de cuentos, sin embargo, es mi actual prioridad después de mi bella y fogosa esposa y los juegos diarios de los Marlins. Se titulará Perversiones y el contenido será menos defraudante para los lectores que la actual campaña del equipo de béisbol floridano. Se los prometo. 

      RL: Muchos escritores hablan de hábitos, manías, costumbres y hasta ritos que deben seguir para escribir. ¿Padece o practica alguno?
      BD: Para escribir poesía sólo necesitaba acumular intensidad, una visión, papel y lápiz, y un mínimo de  tiempo y privacidad. Para la prosa, todavía no lo sé. Por mi madre.

      RL: ¿Qué lo impulsa a escribir? ¿Por qué lo hace? 
      BD: A estas alturas, la posibilidad de un dinerito extra para pagar los biles. Lo juro.

 

Entrevista realizada por ©Red Literaria, Julio 2002.