Félix
Peyrallo Carbajal contruyó su primer reloj
de sol lo construyó en León, Nicaragua. Había ido
allí para visitar la casa natal del poeta Rubén Darío
y dar una conferencia sobre su poesía. En la casa donde se alojaba
había un niño leyendo una revista de relojes de sol y Félix
le construyó uno de regalo. El prefecto del pueblo le preguntó
si ese mismo reloj podría hacerse más grande en la plaza
del pueblo y de este modo construyó su segundo reloj. Desde entonces
no ha parado.
Este singular pesonaje es el centro de una biografía
que parecería ser más ficción que realidad, si no
fuera porque su protagonista asegura que todo eso le ocurrió. "¿Por
qué creerle a un hombre que dice que su conocido Gabriel García
Márquez le robó parte de su vida para escribir Memorias
de mis putas tristes?", pregunta el periodista Alejandro Cavalli. "¿Por
qué hacerlo cuando afirma que Lorca estuvo enamorado de él?
¿O que estuvo a punto de morir a manos de Diego Rivera si no lo
hubiera salvado el asco por el bigote de Frida Kalho?"
La autora de esta biografía, Claribell
Terré Morell (Cuba 1963) reside actualmente en Argentinc. Periodista
y escritora, tiene publicado Archivo de Guerra para Mujeres Decentes,
Cubana Confesión, Perverso ojo cubano y Antología
de la Traición.
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-¿Cómo fue el punto de partida de este nuevo libro?
-Antes de conocer a Félix yo podía decirte que fue la
casualidad. Regresé a mi casa después de haberme salvado
literalmente por un pelo, de una dolencia terrible de la que todos
pensaban no iba a recuperarme. Cuando llegué de la clínica
una de las primeras cosas que hice fue ir a mi biblioteca y
sacar un libro. Un libro tomado al azar que resultó ser La poesía
como destino, de Urbano Martínez Carmenate que contaba la vida
de Carilda Oliver Labra, una de las poetas más bellas, más
importantes y más talentosas de Cuba . El libro lo abrí precisamente
en la página donde se narraba su relación con Félix
Peyrallo.
-¿Cómo llegaste a interesarte en Félix Peyrallo
Carbajal, qué te atrajo de este personaje?
-La historia que se narraba en el libro de Urbano Martínez,
sobre Félix en Cuba, era divertida. Un hombre provisto de una memoria
descomunal que recorría los pueblos dando conferencias sobre literatura
y otros temas sin otro equipaje que su conocimiento. Un hombre bien parecido
con algo de payaso, casi siempre borracho, que a su vez era recibido por
ricos y pobres, por famosos y por desconocidos e iba dejando una historia
atrás una historia en la que cabía todo, grandes pasiones,
crímenes, amores...
Al vivir en Buenos Aires, tan cerca
del Uruguay, la tierra natal de Félix, pensé que podía
con algunos otros pequeños datos escribir una novela ficcionada
sobre este hombre imaginándome yo que había vuelto a su país
para morir tranquilamente. Una novela que comencé a escribir a la
par que buscaba datos. Sobre todo me interesaba saber dónde había
muerto. Así llamé a casi todos los Peyrallos de la guía
telefónica del Uruguay y ese fue el primer problema. Nadie sabía
nada de él, ni siquiera lo habían oído mencionar.
Esto me obligó a inventar también las características
de su muerte, que escribí y le mostré al propio Félix,
la primera vez que nos vimos. Él, riéndose, me dijo que no
tenía ningún inconveniente en callar su sobrevivencia.
-¿Cómo y cuándo te enteraste que el escritor
vivía y cómo llegaste a contactarlo?
-Llegué a Félix con la ayuda de Eduardo Galeano. Él
había escrito una crónica sobre Félix que tituló
"El andante" y que era lo único que hasta hace muy poco aparecía
en los buscadores de Internet. Con una buena onda impresionante y un sentido
de la colaboración pocas veces visto por mí --entiende que
Galeano es uno de los escritores latinoamericanos más importantes--,
me pasó los datos de un amigo suyo, un brasilero que era quien le
había presentado a su vez a Félix hacia algunos años.
Enseguida me comuniqué con este brasilero que se llama Gustavo de
Mello, y Gustavo fue dándome algunos datos hasta que un día
me envió una foto de un anciano subido a un andamio, construyendo
un reloj de sol. El periódico donde aparecía la foto pertenecía
a la Universidad de Blumenau, en Brasil, y por alguna razón
yo mandé un email a la biblioteca de esa universidad; email que
me contestó su director, Mauro Tessari, que desde ese momento se
convirtió en mi mejor compañero para este libro. Mauro fue
quien me dijo que Félix estaba vivo, gozaba de buena salud y estaba
perfectamente lúcido a sus 98 años. Mauro también
me dio un teléfono y yo llamé.
-¿Cuál fue la reacción de Peyrallo cuando te
contactaste con él?
-La primera vez fue por teléfono. Una conversación divertida
a la que yo entré con mucho miedo. Recuerda que iba a hablar con
un hombre extremadamente anciano a quien yo no conocía y a quienes
todos en el mundo de habla hispana creían muerto hacía más
de 20 años. Lo llamé al asilo de ancianos donde él
vivía y dije: “Hola, soy Claribel, estoy escribiendo un libro sobre
usted y me alegra mucho que esté vivo”. A lo que el contestó:
“Claribel, a mí también me alegra saber que estoy vivo,
pero no tenía ninguna duda sobre este hecho tan particular". Yo
comencé reírme y él entonces me preguntó si
conocía al poeta boliviano Frank Tamayo; al yo decir que no, comenzó
a recitar: "Claribel, el pan amargo en el que muerdo/hecho está
de tu recuerdo", a lo que siguió con un poema de Martí y
otro de Nicolás Guillén en homenaje, dijo, a mi cubanía.
Estuvimos hablando casi dos horas. De poesía y más poesía,
y de muertos y más muertos. Él me preguntaba por muchos de
sus amigos y yo decía "se murió" y él volvía
a preguntar sobre otro y yo volvía a responder "se murió".
Hasta que preguntó por Carilda. Fue una pregunta que hizo con miedo
y con ternura. Él me dijo: “Y esa poeta maravillosa, esa bella mujer,
Carilda Oliver Labra, ¿está todavía en el mundo de
los vivos?" Ahí yo respiré profundo, aliviada, y le dije
simplemente: sí.
-¿Cuándo fue que decidiste ir a verlo, ya que él
vivía en Brasil, y cómo fue ese encuentro?
-Una semana después y tras otras llamadas telefónicas,
llegué a Blumenau, que es un pueblo pequeño y encantador
del estado de Santa Catarina. Temprano en la mañana, él vino
a mi hotel. Estaba vestido de blanco de la cabeza a los pies, y en la mano
llevaba un ramo de flores que galantemente me entregó. Desde ese
momento conversamos sin parar. Félix tuvo tiempo también
para hacerme conocer a su último amor, Maya, una mujer casada con
otro hombre, y 60 años más joven que él.
Mientras me contaba me di cuenta de que mi novela no tenía
razón de existir porque lo que él me contaba era mucho más
interesante, un documento de primera mano, pródigo en nombres, hechos,
situaciones, países. Reconozco que a veces me reía durante
horas escuchándolo hablar. Nunca podré olvidar su rostro
y sus ademanes cuando contaba cómo Diego Rivera lo quiso matar por
haberse querido acostar con Frida Kalho, o sus varias peleas con Pablo
Neruda, o su pedido de dinero a Jean Cocteau y a Sartre, sus encuentros
con Buñuel y Dalí, el enamoramiento de Lorca por su figura
pequeña de uruguayo recién llegado a España, o cuando
tiró de lo alto de un puente cubano al novio de Carilda para quedarse
con el amor de la poeta, o cuando una puta enamorada y despechada hirió
su rostro con una cuchilla dejándolo marcado para siempre.
-¿Cuánto tiempo te llevó escribir este libro
sobre su vida y por qué decidiste escribirlo en primera persona?
-Casi dos años. Lo escribí en primera persona porque
respeté todo lo que contó Félix. Él tenía
esa memoria exclusiva, perfecta para recordar detalles, horas, fechas,
situaciones, que iba narrando con lujo de detalles. Para mí, esa
parte fue fácil. Lo difícil fue rastrear una vida de 100
años, porque yo no confiaba del todo en el poder de su memoria y
porque también había gente que él había perdido
en el camino y que yo necesitaba saber dónde y cómo había
sido. Tuve que hacer croquis y más croquis que situaran los personajes
en esa época para poder desentrañar los miles de misterios
que había en la vida de Félix. No creo haber logrado descubrir
a todos, pero sí a una buena parte. Llegó un momento en que
me sentía como una especie de pájaro agorero de malas noticias.
Otras, como una descubridora. Pasaron muchas cosas extrañas. Por
ejemplo, Félix nunca reconoció que su hermana era su hermana
de sangre, pero yo pude descubrir los lazos que los unían a pesar
de que ella se había cambiado los apellidos y vivía en otro
país. Su hermana también fue un personaje interesante, incluso
llegó a ser condecorada por el rey de España. Tuve acceso
a documentos personales, tanto de ella como de su padre. También
fui yo la que le dije a Félix que ella se había muerto.
-¿Por qué decidiste ponerle ese título?
-Es una frase de Félix. Una frase que él usaba mucho,
que de por sí es tremebunda. Sólo que a "La muerte está
servida", él le añadía: "para los gusanos".
-¿Tuviste apoyo de alguien o alguna institución en
particular para financiar el libro?
-En el sentido exacto del término, no. Financieramente nadie
me ayudó. Creo haber gastado mucho, pero mucho dinero, investigando
para este libro. Sí tuve el apoyo de personas que me facilitaron
datos, direcciones, tiempo...
El libro salió en Argentina bajo el
sello de La Bohemia. Esta decisión me permite continuar sin trabas
de ningún tipo con la película, una condición importante
para mí, y que corría peligro si se publicaba con la editorial
de primera línea con la que originalmente iba a salir. La editorial
brasilera Companhia de las Letras lo va a publicar en portugués,
y recién estoy conversando con una editora griega que quiere traducirlo
y una editorial española muy interesada.
-¿Es verdad que paralelamente se llevó a cabo la filmación
de la entrevista para hacer un documental? ¿Quién se encargó
de esa parte?
-La idea de hacer un documental siempre estuvo en mí. Por eso
cuando llegue a Brasil contraté a un equipo que filmó las
entrevistas que yo sostuve con Félix. Después coincidimos
el cineasta paulista Guto Carvalho y yo en el proyecto. Él sabía
del Félix constructor de relojes y a mí me interesaba el
Félix intelectual.
-¿Cuándo murió Félix y cómo fue
la última vez que hablaste con él?
-Félix muere de la misma dolencia que tuve yo cuando descubro
el libro que hablaba sobre él, una úlcera perforada que se
convirtió en peritonitis. Apenas faltaban unos días para
su centenario y todos estábamos organizando una fiesta de celebración
que a la vez marcaría el inicio oficial de la filmación
de la película. La idea era recorrer con él varios lugares.
Me enteré por una llamada y un escueto email.
-Contanos acerca de la presentación del libro, ¿por
qué decidiste que estuviera a tu lado el escritor Jorge Asís?
¿Qué opinión te merece su obra?
-Yo creo firmemente que Jorge Asís es uno de los mejores escritores
argentinos, y para mí fue un gran honor que estuviera a mi lado
porque sé que a él no le gustan las presentaciones. Asís
es un escritor que está siendo demonizado por quienes no comparten
su pensamiento político (algo muy de moda y muy tonto que no sólo
ocurre con Asís ni sólo en la Argentina). Muchos de estos
críticos no lo han leído o por lo menos no siguieron su obra
a través del tiempo. Algunos son escritores, con poder en
los medios y en la opinión pública, que hablan desde la envidia
que da el no saber escribir bien y el no tener ellos la capacidad para
reflejar las características de un país como la Argentina.
Algo que Asís hace muy bien. Este tipo de hecho, terriblemente tonto,
sólo provoca que los lectores se priven de una buena lectura, algo
que no hay que temer de más porque el buen lector tiene otros parámetros
a la hora de escoger lectura.
-¿En qué proyectos estás ahora? ¿Qué
estás escribiendo?
-Estoy terminando lo que de alguna manera puede considerarse la segunda
parte de Cubana confesión, la novela que antes publicó
Editorial Planeta. En este libro vuelvo a tratar el tema de las peculiaridades
de la inmigración cubana en Argentina. Con El salvaje masculino
sigo la vida de algunos personajes, en especial la de Jacobo Pérez
Santa Cruz, más conocido en el ambiente homosexual de la isla como
"La Patriota". Jacobo llega a Buenos Aires el mismo día del 2001
en que cae el gobierno, y ante la visión de los mercados saqueados,
las muertes, las grotescas sucesiones presidenciales, cree estar ante una
nueva Revolución para darse cuenta rápidamente de que estaba
equivocado. “La gente hablaba de la cacerola y el cucharón como
si lo hicieran de la hoz y el martillo y, convengamos, que una cosa no
tiene que ver con la otra”, dirá convencido.
-¿Por qué creés que alguien tiene que leer La
muerte está marcada?
-Creo que en este libro está la divertida historia de un hombre
que fue consecuente con sus ideas durante casi cien años. Algo que
la mayoría de los mortales --entre los que me incluyo-- nunca podrán
cumplir a pesar de las buenas intenciones. Nada en la vida de Félix
fue tan importante como para que el dejara de cumplir la promesa que se
hizo a sí mismo. "Vivir sin casa, sin familia, sin patria, sin dinero,
sin religión". Nada. Ni grandes amores, ni pasiones, ni un posible
lugar en la historia, le impidieron que continuara siendo un vagabundo
que huía de los lugares cuando su fama hacía peligrar el
anonimato. Cien años es mucho tiempo. Es más de una vida
hasta para un constructor de relojes de sol.
-Félix dijo en un momento que Gabriel García Márquez
le robó parte su vida para escribir su último libro Memorias
de miss putas tristes, pero en tu libro apenas se narra.
- Sí, eso dijo él. Mientras leía el libro, gritaba:
"¡Eso no se hace!". Estaba muy, pero muy enojado. Incluso quería
retar a duelo a García Márquez. Sé que comenzó
a escribirle. Supongo que podía haberse armado un gran lío,
porque Félix era muy capaz de buscar a García Márquez
y liarse a golpes con él. Pero Félix murió y yo decidí
dejar apenas unas líneas hablando sobre este tema, líneas
que son precisamente por las que tú me preguntas.
-Y vos a Félix ¿le creés? ¿García
Márquez cometió plagio?
-Félix está muerto. Que yo le crea o no, no es lo importante
en esta historia. No hay mejor ficción que la vida, así que
no hay por qué extrañarse si Gabriel García Márquez
imaginó a un viejo muy parecido a Félix. Si seguimos por
este camino, yo puedo jurarte que el anciano de la foto que aparece en
la portada de Memorias de mis putas tristes, es Félix. ¿Qué
tú crees?
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