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LITERARIA

Rompiendo lanzas a favor de
la buena literatura

 
Entrevista con Jonathan Littell 
por Florent Georgesco
      De acontecimiento literario puede calificarse la publicación en Francia de Les Bienveillantes, título ganador del Goncourt 2006 y del Premio de Novela de la Academia Francesa. El primer sorprendido del revuelo ha sido su autor, Jonathan Littell, nacido en Nueva York, cuya vida, desde los tres años, ha estado arraigada en Francia. La versión española de Las clementes (o Las benevolentes) correrá a cargo de RBA. Pero habrá que esperar a noviembre. 

P: Les Bienveillantes es un libro tan monumental y tan curioso que da la impresión de ser la obra de toda una vida. 
R: Sin embargo, ni siquiera es el primer libro que publico. En Estados Unidos publiqué una novela de ciencia-ficción cuando tenía 19 o 20 años. Pero eso no cuenta. Era un encargo para una pequeña serie bastante cutre. En la misma época hice un guión, un encargo también. No me lo tomaba en serio. Dicho esto, técnicamente no es una primera novela. Por eso me negué a que Gallimard pusiera «primera novela» en la contraportada. Al final, acordamos usar la expresión «primera obra literaria». 

P: También ha sido traductor. 
R: El verano en el que escribí ese librito de ciencia-ficción, estando en Colorado, conocí a William Burroughs, y eso me abrió nuevas perspectivas. Me regaló El almuerzo desnudo y leyó algunas páginas de mi libro. Le gustaba mucho la prosa de serie B. A partir de ese momento, empecé a leer a todos los autores modernos y a traducirlos. Traduje a Blanchot, Genet, Sade... Mis traducciones no se publicaron, salvo algunas cartas de Sade en una revista literaria. 

P: ¿Qué le pasaba por la cabeza cuando hacía esas traducciones? 
R: Yo quería escribir, pero no tenía muy claro por dónde empezar. Escribía cosas pequeñas, un poco al azar. 

P: ¿En qué idioma? 
R: Al principio escribía en inglés, y después me pasé al francés. Pero bueno, de todas formas lo abandoné todo enseguida. Fue hacia 1992. 

P: ¿Abandonó qué? ¿Todo, incluidas las traducciones? 
R: Sí, fue cuando me vine a Europa. Al cabo de seis meses, más o menos, estuve en Bosnia. Trabajé durante siete años con Acción contra el Hambre. Pero por pura casualidad. De hecho, fui a Sarajevo como periodista independiente. No sabía qué iba a hacer. Estaba viajando por Europa del Este y entonces llegué a Dubrovnik, donde me encontré con gente que me dijo: «No es tan difícil ir a Sarajevo». Fui a ver y comprendí que no podía quedarme allí como turista. Ahora bien, como yo no quería hacer periodismo, me comprometí con el trabajo humanitario. Fui reclutado allí mismo. Fue a finales de 1993. Me formaron sobre el terreno. Me quedé dos años en Bosnia, hasta el final de la guerra, y empalmé con otras misiones. Seguí leyendo mucho. 

P: ¿Había renunciado a escribir? 
R: No. En realidad, ya tenía la idea de este libro en la cabeza desde 1989. 

P: ¿Cuál era esa primera idea del libro? ¿Cómo se lo imaginaba? 
R: Había una foto que me encontré cuando estaba en la Facultad. No sabía ni siquiera de qué era en ese momento, me enteré más tarde: era el cadáver de una guerrillera rusa a la que los nazis mataron a las puertas de Moscú, un símbolo de la propaganda de guerra soviética. Hallaron su cuerpo medio desnudo y devorado por los perros. En aquella época, eso me atormentó mucho: la diferencia entre la belleza de la muchacha y el horror de la escena. Es una foto terrible, pero hermosa. Al principio, [la novela] se centraba en eso, en la guerra en sí, y en particular en el frente del Este. Me pasé 12 o 13 años reflexionando antes de empezar a trabajar. Durante ese tiempo, las capas se formaban y algunos bloques se colocaban en su sitio. Necesitaba acumular la mayor cantidad de capas y que se descompusieran, se entremezclaran, para hacer una especie de compost. Di con la estructura fundamental, inspirada en La Orestiada, de Esquilo, en 1998. Hasta entonces tenía algunas notas vagas, pero nada organizado. En esa época, me tomé un descanso de seis meses con mi pareja. Hicimos un gran viaje por Asia Central, Pakistán, Tayikistán? y nos quedamos bloqueados en Bichkek durante tres semanas, en condiciones un poco duras? Esperábamos un visado iraní y no querían dárnoslo. No había nada que hacer. Allí fue donde concebí la estructura del libro. 

P: ¿En ese momento pensó en un oficial nazi como protagonista? 
R: No, lo tenía pensado desde el principio. Lo que vino más tarde fue el hecho de situarlo en el centro de los procesos de exterminio. 

P: Lo esencial ya estaba en su sitio: el personaje, la estructura? ¿Empezó a escribir? 
R: No, aún no. Si bien antes de 1998 no tenía más que fragmentos, a partir de entonces me dije: ahora ya tengo el libro, sé por dónde cogerlo. Sólo que me habían ofrecido un puesto en Rusia. Debía hacerme cargo de las cárceles y de los orfanatos, era un puesto muy interesante y más bien tranquilo que permitía llevar una vida normal. Aquello duró seis meses: la guerra comenzó de nuevo en Chechenia y volví a irme. Y en 2001 tuve que dejar de trabajar. Comprendí que era el momento de ponerme con el libro. Me dediqué a él a tiempo completo. Leí cientos de libros y fui al lugar de los hechos. Mis investigaciones duraron año y medio. 

P: ¿Ya antes de sus investigaciones, veía al protagonista o lo perfiló a partir de la investigación? 
R: Cuando concebí la estructura fundamental de la obra, había? yo no diría una existencia psicológica, pero sí una existencia del personaje. Por otro lado, hacía falta situarlo en una realidad histórica determinada. Conocía su estilo y su forma de ser; me faltaba concretar su entorno, su recorrido, su curriculum vitae. 

P: ¿Qué diría de su narrador? 
R: Es difícil decir algo bueno de un individuo tan indecente? 

P: Pero vivió mucho tiempo con él. 
R: Podría decir que soy yo. 

P: Y hay momentos en los que es difícil decir algo bueno de uno mismo. 
R: Está claro. Digamos que podría ser yo, si hubiera nacido alemán en 1913 y no estadounidense en 1967.