Entrada
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Lit. cubana en el exilio
Enlaces
Archivos(artículos pasados)
¿Desea colaborar?
Sugerencias o errores
Cartas de lectores
RED
LITERARIA

Rompiendo lanzas a favor de
la buena literatura

 
Escritores de anuncio 
(Tomado de ABC)
      Las imágenes, rodadas en Argentina y en los Andes chilenos, muestran a un joven conduciendo. Planos del parabrisas, de la palanca de cambios, del salpicadero, vistas de la carretera iluminada, desierta, mientras de fondo se escucha una voz cadenciosa, profunda, ligeramente áspera, de eses silbantes y erres guturales:
     «Porque cuando te regalan un reloj, te regalan la necesidad de darle cuerda, todos los días. Te regalan el miedo a perderlo, a que te lo roben. Te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes...»
     Es la voz de Julio Cortázar. Una grabación de la Casa de las Américas, en La Habana, en la que el escritor lee el cuento «Preámbulo a las Instrucciones para dar cuerda al reloj», que pertenece a uno de sus libros más conocidos, Historias de cronopios y de famas. «Hubo que negociar dos permisos: los derechos de utilización del fonograma, ante la Casa de las Américas, y los derechos de autor ante Aurora Bernárdez, viuda de Cortázar. Ambos se gestionaron a través de la agencia literaria que se encarga de los derechos del escritor.» Flocelo Puig es director del servicio de clientes de Atlético International, la agencia de publicidad autora del anuncio. «Al empezar a pensar la campaña del SEAT León surgió un concepto que nos parecía muy interesante: ¿Quién posee a quién?, entendido como un intercambio de roles que ocurre a veces con algunas personas, lugares, obras de arte y, por qué no, productos de consumo: algo se vuelve tan nuestro que pasa a formar parte de nuestra vida. A partir de ahí, alguien recordó el texto de Cortázar, y cuando lo encontramos grabado por él mismo, con esa fuerza y ese acento tan especial, no lo dudamos. Y no, no hubo recelos de ningún tipo por parte de la familia, y el contrato se tramitó y se firmó con relativa rapidez.»
     Publicistas ilustres. Mujica Láinez protagonizó un spot de una marca de hierba de mate; Victoria Ocampo anunció durante un tiempo la revista LIFE; Alfonso Grosso fue autor del anuncio de una marca de cerveza, y todavía se recuerda el paso por televisión de Camilo José Cela, quien, con la Guía CAMPSA bajo el brazo, aceptaba unas gachas con un sonoro «¡Venga!».
     La relación entre literatura y publicidad llega incluso más lejos. En agencias han trabajado Salman Rushdie, Alessandro Baricco o el venezolano Ibsen Martínez. «Creo que el trabajo de escritores en agencias de publicidad es más frecuente de lo que suele admitirse --afirma este último--. La publicidad, a diferencia de los guiones de telenovelas, por ejemplo, permite al vergonzante pasar desapercibido puesto que ni las cuñas, ni los spots de televisión, ni los avisos de Prensa llevan la firma del redactor, lo que permite un cierto anonimato.»
     Entre los nombres ilustres del campo de la creación publicitaria figuran los de Alejo Carpentier y Arturo Uslar Pietri, quienes trabajaron en los años 50 en una agencia local en Caracas, ARS Publicidad, cuyo eslogan «Permítanos pensar por usted» se atribuyó durante años indistintamente a uno y a otro escritor. «Creo que la campaña más memorable de Uslar fue su propia campaña electoral en 1963.» Es de nuevo Martínez. «Se lanzó en solitario sin partido importante que lo apoyase y él mismo la diseñó y escogió al músico que compuso un pegajoso jingle cuyo eslogan decía "Arturo es el hombre". También parece que fue autor de una intensa y exitosa campaña en pro del proteccionismo industrial, en afiches y avisos de Prensa en los que aparecía Bolívar señalando con el dedo, como el conocido cartel del tío Sam, sobre una leyenda que rezaba: "Yo la hice libre, hazla tú próspera".»

     La madre de Bioy. 

    Otro caso, probablemente inesperado, es el de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, que, a principios de los años treinta, son dos jóvenes escritores, el primero ya con obra publicada, que tratan de abrirse paso en la vida literaria bonaerense. Hay una empresa de la familia Casares, La Martona, nombre familiar de la madre de Bioy, que se dedica a la comercialización de productos lácteos: leche, mantequilla, cuajada... Así que cuando deciden hacer un yogur, contactan con Bioy y Borges para que redacten un folleto destacando las virtudes del nuevo producto. Parece que Bioy tuvo después alguna otra experiencia en el sector publicitario, no así Borges, que renunció a participar en más anuncios. El folleto, de apariencia científica y casi veinte páginas (pagadas a dieciséis pesos cada una, una pequeña fortuna), se imprimió y se distribuyó con gran éxito y fue la primera colaboración literaria de ambos, aunque apareciera, naturalmente, sin firma.
     «De todos los oficios creativos ligados a la escritura, la redacción publicitaria quizás sea el que se muestra más descaradamente comercial: escribes para vender», señala Alberto Barrera, autor de La enfermedad, Premio Herralde de novela 2006, y que, recién graduado en Literatura, trabajó como redactor en una empresa dedicada a la comunicación corporativa. «Sospecho que en el fondo hay cierta incomodidad moral, cierto prurito, dado que pones tu talento al servicio del consumo. No hay nada más. Hasta el ritmo de las palabras debe tener esa dirección, ese objetivo. Es una escritura sin distracciones, brutalmente mercenaria.»

   Mercado portugués. 

   Cuando la Coca-Cola pretendió introducirse en el mercado portugués, encargó una campaña publicitaria para apoyar la distribución de la marca. El eslogan elegido, «Primeiro extraña-se. Depois entraña-se» («Primero se extraña, después se entraña»), venía avalado por Fernando Pessoa, un poeta que ya entonces disfrutaba de un cierto reconocimiento y que, además de sus actividades como corresponsal y traductor comercial, se dedicaba también a la redacción de avisos publicitarios: automóviles, neveras, artículos de moda... Una actividad a la que se dedicó con tal intensidad que a mediados de los años 20 fue invitado a unas jornadas profesionales en Madrid, a las que declinó asistir, según cuenta Ángel Crespo en la biografía del poeta, La vida plural de Fernando Pessoa. «Creo que la publicidad y la poesía están, en ciertos aspectos, muy cerca porque utilizan un tipo de lenguaje de tipo connotativo --afirma el escritor Luis Alberto de Cuenca--. Cada palabra está escrita buscando un brillo especial, un fulgor, como esas imágenes que brillan en la oscuridad. Es la parte común entre publicidad y poesía: cada palabra contiene un poder simbólico, casi mágico, que no tiene el lenguaje cotidiano.»
     Por cierto que, volviendo a Pessoa, su eslogan para la Coca-Cola justificó la retirada, en todo el país, de los refrigeradores llegados de Estados Unidos con la bebida. La orden del Ministerio de Sanidad alertaba de la toxicidad del producto, y de sus peligrosas cualidades adictivas, dado que primero se extrañaba y luego se entrañaba; un desastre comercial. «Yo he hecho algún eslogan para campañas de poca monta, y casi exclusivamente por amistad personal con quien me lo pidió --añade De Cuenca--. Pero admiro a los creativos publicitarios. No me veo en ese trabajo porque es una actividad muy intensa, muy agotadora, pero sí ha ocurrido que alguna de las canciones que escribí se han utilizado después publicitariamente con mucho éxito. Viaje con nosotros, por ejemplo, ha sido muy utilizada por agencias de publicidad, y es algo que tiene su gracia.»

   Acuerdos y patrocinios. 

    Falta hablar de los trabajos publicitarios que implican algún tipo de acuerdo más o menos sutil. Así, Scott Fitzgerald escribió El crucero de la chatarra rodante durante un viaje que patrocinó una firma automovilística, igual que Cela redactó La Catira por encargo del dictador Marcos Pérez, quien le pagó tres millones de pesetas de los de entonces a cambio de que la ambientara en Venezuela.
   En todo caso, ¿salen beneficiados los escritores con la publicidad? ¿Es legítimo utilizar su nombre, su obra para un anuncio? Gervasio Posada, también publicitario, es autor de El secreto del gazpacho, novela en la que se aborda el mundo de los creativos y agencias. «No hace mucho, hubo cierto revuelo con Frida Kahlo cuando una parte de su familia constituyó una empresa para explotar su imagen comercialmente, algo a lo que se oponía otra parte de la familia. Y lo cierto es que no es posible saber si ella, ahora, habría aceptado o no participar en un anuncio. Mi opinión es que si no hay contradicción obvia entre la obra y lo que se muestra, si no se ridiculiza al personaje y si la familia está de acuerdo, no habría nada que objetar. Y de algún modo es algo que puede ayudar al autor. Hay un ejemplo reciente con Bruce Lee y BMW; a raíz de la campaña se habla de nuevo de él, se vuelven a ver sus películas, se reivindica su figura. La publicidad, siempre que sea buena, beneficia más que perjudica.»
    Y acabamos con Mark Twain, quien, ya convertido en autor de éxito, anunció y promocionó durante años la pluma Conklin Crescent, de la que elogiaba su comodidad y limpieza de carga: «Prefiero esta pluma», se leía junto a una foto suya en los anuncios de Prensa, «a cualquier otra del mercado». Eso sí, en cuanto aparecieron las primeras máquinas de escribir, el irreductible Twain de melena blanca y mostacho de morsa se hizo con una Remington, de la que elogió de inmediato lo limpia, de verdad, y cómoda que era.

 

Tomado del portal Librería Cervantes, que a su vez lo reprodujo de ABC .