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LITERARIA Rompiendo lanzas a favor de la buena literatura |
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| En su breve pero lúcido ensayo,
Michel Houellebecq explica que cuando tenia dieciséis años
un “amigo” le inició en la lectura de Lovecraft. A mí me
ocurrió lo mismo cuando cursaba segundo de carrera, un “amigo” me
prestó la edición de Alianza de Los mitos de Cthulhu.
Como a muchos otros lectores, el descubrimiento del siniestro escritor
de Providence me impresionó. A parte de padecer con sus tenebrosas
historias, entendí cuáles eran los eslabones que unían
a autores como Allan Poe o Mary Shelley con el terror contemporáneo.
Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) es de aquellos escritores que la historia etiqueta de “innovadores”. No porque creara algo absolutamente nuevo, sino porque a partir de lo dicho supo aportar “alguna cosa más”. Lovecraft partió del terror gótico, pero dejó atrás los motivos típicos del castillo encantado, los fantasmas y los muertos vivientes para fundar lo que se ha etiquetado como “terror cósmico materialista”. Es decir, el horror parte ahora de circunstancias palpables, donde hasta los científicos, los ilustrados o profesores de universidad –bastiones de la razón–, sienten el frío en sus huesos ante la evidencia y la manifestación del mal, de un mal que siempre ha estado ahí y en el que no hemos reparado. La modernidad, la civilización, genera un ruido de carreteras, autopistas de la información, luces, datos, música e imagen. Pero allá donde no llega ese escándalo, en los desiertos, en las fosas abisales, en las estepas heladas, si alguien es suficientemente sensible, puede percibir las fuerzas del mal, las manifestaciones más terribles y estremecedoras. Ese mal ha estado ahí desde tiempos inmemoriales, antes que el hombre ocupara la Tierra. El mal espera su momento para dominar el universo de nuevo, espera a las puertas, tras velos a través de los cuales algunas personas logran tener contactos terribles con ese más allá. Contra la vida La vida de Lovecraft fue un fracaso, aunque
cultivó con maestría el relato de terror. Tuvo una relación
difícil con su madre, en su juventud sufrió crisis nerviosas
que le llevaron al confinamiento. Su matrimonio y su trayectoria profesional
fueron un desastre. Durante su vida, Lovecraft no vio sus cuentos publicados
en forma de libro; se limitó a publicar algunos de ellos en revistas.
Endeudado, malpagado y defraudado tras su experiencia neoyorquina, reaccionó
con el odio: aversión a la vida, a las personas, a la alegría
y la esperanza, odio a la humanidad. El patetismo extremo del personaje
se plasmó en el sentimiento de superioridad que le provocaba su
ascendencia anglosajona, en su exacerbada xenofobia y en un racismo resentido
que mancha buena parte de su obra literaria.
Crear un universo Lo más destacado de su creación
fue la serie de relatos que embastaron lo que se conocerá como Los
mitos de Cthulhu. La editorial Valdemar, que ya publicó hace
un tiempo estos cuentos, ha emprendido la edición de la narrativa
completa de Lovecraft, un volumen para adeptos, para aquellos que quieran
comprender la evolución del escritor. El libro recoge todos sus
escritos de ficción hasta 1926, cuando escribe La llamada de
Cthulhu, relato incluido que inaugura la saga que lo consagrará
en el futuro como un escritor de culto.
Sueños y miedos ancestrales "La llamada de Cthulhu" erige las
columnas principales en las que se asientan los mitos. El cuento explica
la existencia de un culto secreto, misterioso y encarnizadamente destructor.
Los adeptos veneran a los Grandes Antiguos, una especie de dioses maléficos
existentes antes de la aparición del hombre. El protagonista y narrador
es un joven investigador que logra encajar las piezas de un puzzle que
le lleva a descubrir algunos enigmas de este antiguo culto. La negación
de la esperanza, la inutilidad de la religión y la inoperancia de
la ciencia son piezas clave en los planteamientos lovecraftianos.
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| Tomado del periódico La Vanguardia |