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Sobre la novela La multitud errante, de Laura
Restrepo
Fiel a su buen olfato de periodista,
Laura Restrepo eligió para su última novela ese tema de tan
candente actualidad que todos, en este país [Colombia], hemos acordado
en rotular como el drama de los desplazados. Y aunque no todos entendamos
bajo semejante rótulo tan amplio las mismas cosas, es evidente que
el drama resulta suficientemente seductor y dramático --perdónese
la redundancia-- como para convertirlo en el motor de una novela que pretenda
dar cuenta de nuestra actual incertidumbre nacional. Quizás el hecho
de que los colombianos nos sintamos, en alguna medida, parte de la multitud
errante, obró como razón de fondo para que la autora asumiera
la tarea de dar rostro, voz y escenario a esa masa "creciente e inconmensurable"
que ella denomina "el continente clandestino de los parias" y que se constituye
en personaje central y en telón de fondo de su relato.
Planeta-Colombia, 2001 En ese sentido, nadie se llama a engaño pues, desde la primera hasta la última frase de la novela, la voz omnipresente de la narradora le hace guiños al lector para advertirle que lea entre líneas, más allá de los hechos, la metáfora de una búsqueda en la que todos los personajes están implicados. "¿Cómo puedo yo decirle que nunca la va a encontrar, si ha gastado la vida buscándola?", son las palabras que dan inicio al libro y que se repiten con variaciones, en distintos registros, para que al lector no le quepa duda: los personajes, más allá de criaturas de carne y hueso, parecen figuras alegóricas que se entrelazan para dibujar la fisonomía de un "limbo" en el que unos seres, ni vivos ni muertos, deambulan por las páginas. El escenario principal es un albergue de monjas francesas para desplazados, en las afueras de Barrancabermeja, es decir, en Tora, ese espacio a medio camino entre lo real y lo mítico, que algunos han relacionado con Macondo y cuya atmósfera resulta bastante familiar para los lectores de La novia oscura. Retomando la investigación que una vez hizo para Ecopetrol y a la que tanto partido literario le ha sacado, Laura Restrepo vuelve a valerse de las mismas coordenadas para dar cita a los protagonistas que conducirán la búsqueda de La multitud errante. Se trata de un hombre sin nombre de pila, conocido como Siete por Tres, y de una mujer, también sin nombre y también desplazada a su manera, que trabaja como "enfermera de sombras" en el albergue y que se enamora a primera vista de Siete por Tres. Entre ellos dos, creando una especie de triángulo amoroso, se levanta, poco a poco, la figura de una desplazada fantasma que, a diferencia de los anteriores, sí tiene nombre: se llama Matilde Lina, de profesión lavandera, y es la madre adoptiva del protagonista. Es inevitable encontrar en Siete por Tres algunos rasgos que recuerdan a ese otro muchacho de La novia oscura, también abandonado por su madre, al que bautizaron con el nombre genérico de Sacramento y de quien se lee que "tanto ha penado por culpa de sus recuerdos". En este nuevo caso, el curioso nombre del protagonista se deriva del hecho de tener un dedo de más en un pie. Veintiuno lo llaman al comienzo y luego, en virtud de un eufemismo piadoso y de unos cálculos matemáticos un tanto rebuscados, el nombre se transforma en "siete por tres". El muchacho, que ha sido abandonado recién nacido, en el atrio de la iglesia de un pueblo llamado Santamaría Bailarina, en la frontera del Huila y el Tolima, es recogido por Matilde Lina, el 1° de enero de 1950. Algunos años después, ese pueblo liberal es arrasado por los conservadores. Así se inicia para los sobrevivientes, entre los que figuran la madre adoptiva y el niño, una vida nómada que servirá al libro para insistir en una de sus tesis: la condición del desplazamiento como algo inherente a nuestra historia patria. Los desplazados de Santamaría Bailarina, con la virgen patrona del pueblo a cuestas, se convierten en fugitivos y, para tomar prestadas algunas palabras de la autora, su romería se prolonga año tras año, hasta hacerse larga, "como la vida misma". Pero un buen día, en otra emboscada, un sargento carnicero y conservador se lleva a Matilde Lina. Entonces Siete por Tres, ya convertido en hombre, inicia la odisea de su vida: buscar a esa mujer desaparecida, a la vez madre y objeto del deseo, que irá tomando apelativos míticos como la Incierta, la Extraviada o la Perpleja, y que, al igual que Sayonara, "la niña" de Sacramento, será una "presencia incorpórea", de la que no es po-sible "desembarazarse". Las coincidencias entre las dos últimas novelas de Laura Restrepo no se agotan en la cercanía de las coordenadas geográficas ni en el parentesco de algunos personajes, sino que se extienden también a la estructura del relato. Para armar esa estructura, la autora recurre nuevamente a una "singular amalgama entre la investigación periodística y la creación literaria", según dijo García Márquez a propósito de La novia oscura, y esa "singular amalgama", que ya se ha convertido en constante estilística --o quizás en tópico de sus libros--, se materializa en un método similar para presentar los hechos y para encargar al lector la tarea de armar el rompecabezas. La "enfermera de sombras" o trabajadora social del albergue oficia como narradora principal, y en su intento por reconstruir la vida del personaje, va consultando y organizando las distintas voces que cuentan la historia. Debido a esa "misión" narrativa que se le ha conferido, su voz tiende a parecerse a la de la misma periodista de libros anteriores y a recurrir a las consabidas fórmulas del reportaje. Pero las similitudes van aún más lejos: por ejemplo, la señora Perpetua, anciana del albergue y oriunda de Santamaría Bailarina, que es una de las principales "fuentes entrevistadas", recuerda a Todos los Santos, la anciana informante de La novia oscura. El hecho de que la una use prótesis dental y que la otra fume tabaco no resulta suficiente para diferenciarlas, pues ambas hablan en un tono medio rebuscado --una especie de narración oral sentenciosa y nostálgica-- que deja la sensación de estar leyendo algo demasiado repetido. Otros personajes como Eloísa Piña, la presidenta de un comité cívico de Tora; Charro Lindo, el cabecilla liberal de los fugitivos, o Solita, Solana y Marisol, el trío de abuela, madre y nieta desplazadas en el albergue, parecen, más que personajes verosímiles, meros nombres folclóricos, puestos ahí para complacer cierto gusto por el "sabor local". Durante los primeros doce capítulos, de los diecisiete que tiene la novela, el método de la "enfermera de sombras" se orienta hacia el pasado, para mostrar cómo "los segmentos de un todo disperso encajan en su lugar". En los cinco capítulos restantes, cuando ya se conocen las circunstancias previas a la llegada al albergue de Siete por Tres, se desencadenan nuevos hechos relacionados con su historia más reciente. Tal vez son demasiados hechos los que se atiborran en esas pocas páginas o tal vez aparece una nueva voluntad literaria que pretende transformar al protagonista en héroe épico. Lo cierto es que, mientras el muchacho entra y sale del albergue para emprender nuevos viajes en busca de Matilde Lina, la enamorada-narradora alcanza a darle nuevas e inesperadas pinceladas a su retrato, mediante el recurso de enumerar las múltiples actividades de su muy intensa vida. Así nos enteramos, pocas páginas antes del final, de todos los oficios que ha desempeñado Siete por Tres, entre los que figuran aseador de una carnicería en Sincelejo, enfermero en San Onofre, bracero en el Magdalena, chofer de flota, desguazador de autos en Pereira, recolector de papa en Subachoque, afilador de cuchillos en Barichara y --¡no podía faltar!-- mallero implicado en los disturbios de la refinería de Tora, por defender a un niño del ataque de los soldados. Toda esa repentina información, que a simple vista parece tan gratuita, está puesta "estratégicamente" para dotar a la novela de un final esperanzador, que cumplirá las funciones de la consabida "justicia poética" y que ayudará a preparar el cierre simbólico del relato: el albergue de las monjas, que durante tantas guerras ha sido intocable para todas las fuerzas en conflicto, está amenazado por el comandante de la xxv Brigada, que lo ve como un refugio de bandidos. Es entonces cuando entendemos las razones poderosas que llevaron a la autora, algunas páginas atrás, a "mejorar el retrato" de su protagonista. Siete por Tres, que además de todo, se ha vuelto mediador de pleitos y que ayuda a "los seres urgidos", viaja a Bogotá y se entrevista con algunos "poderes" como El Tiempo, la Cruz Roja y la Cancillería, para salvar al albergue. Luego regresa de sus gestiones "... Primitivo, post-atómico y espléndido como un héroe épico". Pero no llega solo, sino que convoca una enorme comitiva, en la que otra vez se enumeran exhaustivamente algunas de las fuerzas de la llamada "sociedad civil". En el albergue se reúnen, entonces, un párroco, un fotógrafo, unas quinceañeras del colegio de señoritas de Tora, una banda de músicos metaleros de Antioquia llamada Juicio Final; un racimo de socias de la Fundación Protectora de Animales de Tenjo, que ha cambiado la atención a perros y gatos por la alimentación a desplazados, etcétera... "Variopintos y dispares, de cualquier edad, entre los catorce y los ochenta, provenientes de todos los puntos cardinales", la comitiva tiene el propósito de "cerrar un cerco humano de protección desarmada en torno al albergue (...) según la costumbre que empieza a extenderse por el país como única forma posible de resistencia de las gentes de paz contra los violentos de toda laya". Después de la misa, el concierto y el sancocho, la manifestación termina en una gran rumba y, cuando la monja directora del albergue manda a todo el mundo a dormir diciendo que eso es un caos, la enfermera de sombras o, más bien, la misma Laura Restrepo le contesta con otra de las tesis del libro: "No es el caos, es la historia, así, con mayúscula, ¿no se da cuenta?". Sería imposible que cualquier lector, con un nivel de alfabetización promedio, dejara de darse cuenta de todo ese mayúsculo andamiaje, entre ideológico y simbólico, que la autora quiso acomodar entre las líneas del triángulo amoroso. El problema es que la "curiosa amalgama", que reutilizó para armar su brevísima novela, no terminó de cuajarle del todo. Quizás se trata de un proyecto demasiado ambicioso para emprender en tan pocas páginas o quizás los hechos son demasiado cercanos para poderlos encarar con cierta perspectiva y conferirles una elaboración narrativa más convincente. Lo cierto es que cuando el lector se da cuenta de que todas las voces y todos los personajes están puestos al servicio de una causa, toma una prudente distancia y asume también una "nebulosa condición intermedia" para preguntarse, incrédulo, si lo que lee es novela o ensayo o qué curiosa amalgama, entre el periodismo y el relato breve, le están ofreciendo. Laura Restrepo ha asegurado en algunas entrevistas que su libro no es un reportaje, sino una novela, y que la idea de crear "un personaje que fuera en contravía del común de los desplazados" fue de Alfredo Molano. Al respecto, nos advierte en el prólogo que, con su autorización, ha entreverado en su texto"... Una docena de líneas que son de su autoría y que sus lectores sabrán reconocer". La verdad es que no sólo me quedaría imposible reconocer las frases de Molano, sino las de todos los personajes del libro, en el caso hipotético de encontrarlas separadas de los nombres de quienes las dicen, porque en todas ellas resuenan los mismos acentos. También confieso que a veces me queda difícil reconocer a la Restrepo de otras épocas, cuando hablaba con la voz fresca y sin pretensiones de la periodista de Somos. Entonces me pregunto en qué momento se volvió tan solemne, y pienso que alguna "ley inexorable" debe haber para que los autores colombianos, cuando alcanzan cierta celebridad, empiecen a evocar "...desde las crestas de su añoranza" y a decir que se hallaban presentes "la noche en que encontraron al niño del pie quimérico"..., que "atravesaron juntos los mares rojos del éxodo" o que "el pulpo de la ansiedad ha dejado de oprimirles el corazón".
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| Tomado de El Mal Pensante (www.elmalpensante.com) |