| Fuera del sistema, fuera
de los medios, lejos de las grandes cifras y las presentaciones faraónicas
se esconde gran parte de la edición española, muchos de nuestros
autores. Cada semana El Cultural intenta dar cuenta y razón de las
novedades editoriales y tomar el pulso del mundillo literario. Tratamos,
además, de exigir al consagrado y de alentar al primerizo, buscando
el talento allí donde se encuentre. A pesar del mercado. A pesar
de las exigencias y condicionantes de los grandes grupos editoriales y
de los nombres imprescindibles. Pero hay algo más. Más allá
de las convenciones, un puñado de autores jóvenes y de editoriales
modestas buscan un lugar bajo el sol en condiciones a veces dramáticas
y sin contar con la complicidad de distribuidoras, librerías y medios.
Son autores y editores al margen del sistema por vocación o por
destino, que han de soportar una competencia feroz y tentaciones insoportables
en forma de anticipos y promociones que generalmente se quedan en nada.
El Cultural descubre hoy los avatares, sorpresas y espejismos de un mercado
cada vez menos literario. Y esto es sólo una muestra.
Pocas aventuras editoriales pueden compararse
a la de Acuarela. Fundada hace cuatro años, por Abel H. Pozuelo,
Amador Fernández-Savater y Jesús Llorente, su vocación
de editar al mar- gen del sistema era evidente. “¿Vocación?
No podía ser de otro modo”, explica Abel H. Pozuelo. “Ninguno de
nosotros tenía más de treinta años, no teníamos
ninguna experiencia del mundo editorial. Nos movíamos a base de
intuiciones”. Pero Acuarela se ha hecho con un hueco. Se han centrado sobre
todo en las traducciones y han editado títulos de Guy Debord o Cornelius
Castoriadis, además de los poemas del polémico Houellebecq
o unas prosas africanas de Fernando Savater.
Más clara es la vocación “marginal”
de Árdora, creada hace una década como cruce de arte, vida
y vanguardia. José Parreño, socio-fundador-editor, confiesa
que hace un año y medio todo (ventas, títulos, lectores)
iba tan bien que sintieron la tentación de profesionalizarse, de
aumentar el número de títulos al año, asumir mayores
infraestructuras, un local propio... “Y decidimos hacer lo contrario, publicar
lo mismo o menos y quedarnos como estábamos, a cambio de conservar
nuestra independencia y libertad. A pesar de nuestro comportamiento irregular
tenemos lectores fieles que son el mejor reconocimiento. Estamos voluntariamente
al margen del sistema editorial”.
Espacios de calidad
En cambio Kepa Murua, alma de la editorial vasca
Bassarai, no se siente fuera del sistema: “Podemos colocar nuestros libros
en cualquier lugar del mundo, estamos en todas las ferias. Buscamos espacios
de calidad. Del mismo modo que está la música de los 40 principales
y luego hay música de calidad, están grupos como Planeta
y luego estamos nosotros”, explica. “Y, a nivel de resultados, no estoy
tan seguro de que los resultados de unos y otros sean muy diferentes”,
comenta, seguramente para incredulidad de muchos. ¿Qué ofrece
Bassarai a un escritor para que se decida por esta editorial? “Confiamos
en su proyecto a largo plazo. Los grandes grupos buscan resultados inmediatos,
y eso no tiene nada que ver con la literatura”.
Entre sus autores, Murua escoge a Luisa Etxenike
y José Marzo, autor de La alambrada. Hubieran tenido una
repercusión mayor de haber publicado en otra editorial. Pero han
preferido Bassarai. Quizá por eso José Marzo defiende su
independencia y esa otra manera de entender la cultura: “No tiene nada
que ver con el sistema editorial dominante, con sus planteamientos culturales
ni sociales, y defiende su propia capacidad de distribución y actuación
cultural”. Y, como fundador de la Asociación de Autores Independientes,
denuncia el corporativismo actual de editores, autores y medios que “se
le ha ido de las manos a todo el mundo. Existen redes de intereses que
han suplantado el auténtico debate cultural”.
Por su parte, Luisa Etxenike afirma que “publicar
en una editorial vasca en castellano me permite seguir lo que pasa con
mis libros directamente y desarrollar al tiempo otros proyectos editoriales”.
Sin concesiones, porque “los últimos datos de lectura –cuánto,
cómo y qué se lee– son preocupantes. Una editorial independiente,
no obsesionada por el negocio, permite formar lectores porque no se puede
cosechar lo que no se ha sembrado. Cada vez más autores cuestionamos
el sistema”.
Mundo literario agusanado
Pocos lo hacen con la virulencia de Montero
Glez, para quien “el mundo literario español está agusanado.
La industria editorial se inventa a los autores; si reciben un original
interesante de un desconocido pueden llegar a enviárselo a un consagrado
para que lo plagie. A mí me ha pasado...” Montero Glez sólo
estaría dispuesto a renunciar a su libertad “si me llenan de mentiras
los bolsillos”. “Cuando eres un autor de verdad tienes la última
palabra. Y si te bajas los pantalones, la culpa siempre la tienes tú.
Hoy se escribe al dictado, desde un punto de vista burgués y poco
arriesgado. Se repite lo que funciona en ventas. Sólo hay una manera
de defenderse: hay que resistir, pelear, no cegarse en los agravios comparativos
y no cortarse en reclamar lo que es justo”.
La lucha contínua
Para llegar al editor a veces es preciso contar
con un buen agente. Ángeles Martín lleva años luchando
por abrir camino a jóvenes autores como Miguel Ángel Serrano,
“autor de una novela excepcional, Tango, que obtuvo el premio de
narrativa breve de Cantabria y que no ha encontrado editor porque aborda
audazmente un tema polémico, el terrorismo. Lo han leído
en varias editoriales, con informes estupendos, pero nadie se atreve”.
En otras ocasiones sí se consigue publicar, pero a costa a veces
de desesperar al autor, porque hay editores que juegan impunemente con
sus ilusiones y su dinero. “Al final, el que tiene talento sale adelante,
pero las grandes editoriales han reducido el número de títulos
que publican al año castigando a las primeras novelas y los autores
más jóvenes y audaces”.
Y pocos ejemplos mejores que el caso de Paco
Ávila. Terminó De la muerte en verano, su primera
novela, en el 96 y desde entonces circuló por las editoriales más
importantes. Muchas le hicieron promesas, así que preparó
tres ocasiones. Para nada. O casi, porque Ángeles Martín
siguió luchando hasta encontrar Germanía, una pequeña
editorial valenciana que lanzó 2000 ejemplares. Que no se distribuyeron,
a pesar de lo cual, gracias a la insistencia de autor y agente, obtuvo
alguna crítica favorable. ¿Ventas? Ninguna. “Tuve –recuerda
Ávila– cartas de grandes editores que lamentaban que el momento
no les permitiera la publicación del libro, otros su audacia formal.
Me disgusta ver tanta promoción externa y tan poca literatura de
verdad”. Los 67.000 títulos publicados el pasado año han
empujado a las grandes editoriales a restringir el número de publicaciones.
Y los jóvenes salen perdiendo; los editores prefieren robarse a
golpe de anticipo los consagrados.
Por el contrario, la también agente Sandra
Bruna cree que, pese a la crisis, los grandes grupos siguen atentos a las
nuevas voces, “aunque puede ser duro, realmente duro: no se vende lo que
se debería y a los editores les falta paciencia, especialmente con
los jóvenes.”
De eso sabe mucho Sergio Gaspar, editor de DVD,
que en pocos años ha conseguido hacerse con un hueco en el campo
de la poesía. Desde hace tiempo intenta hacer lo mismo en el de
la narrativa, pero “para encontrar un lugar entre las editoriales de narrativa
se necesita un esfuerzo de promoción económica que no está
al alcance de las pequeñas editoriales. Hay que organizar presentaciones,
cocktails con la prensa, pagar publicidad...”. “Conquistar un espacio en
las librerías es relativamente fácil con una colección
de poesía. Con la narrativa, en cambio, el peso de las grandes editoriales,
de los distribuidores, de los grandes nombres es aplastante”. A pesar de
todo ello, DVD insiste. “Mientras no haya dos, tres, cuatro pequeñas
editoriales que triunfen no se normalizará la situación cultural
española”. Entre los escritores que destaca están José
María Pérez Álvarez, Javier Sebastián o Manuel
Vilas. Son los suyos “autores que quieren un trato literario, al menos
en una época de su carrera, que no sólo piensan en el dinero.
Los auténticos editores literarios están en las editoriales
pequeñas, y eso lo notan los autores”.
Asunto de lectores, no de dinero.
Por eso Javier Sebastián cree que en los
autores y editores minoritarios o “marginales” se halla “un verdadero relevo”
y que “muchos editores de prestigio, hoy en grandes grupos o convertidos
en verdaderas señas de identidad cultural, están siendo superados
por los nuevos, que garantizan menos difusión, pero más libertad.
Nuestro problema no es de dinero sino de lectores, y eso, el ganar lectores,
sería la única razón para dejar DVD. La literatura
está muy prostituida en España. Los editores y autores minoritarios
estaríamos encantados de que nos robaran los sellos más poderosos
por algo más que dinero, y algo menos que concesiones de plazos,
temas o estilo.Tengo amigos que han aceptado libros de encargo de una gran
editorial, por un puñado de euros, y han sido incapaces de cumplir.
La literatura española necesita que se apoye a las editoriales marginales,
pero no por modestas sino por su calidad, por su audacia y altura”.
Muy distinta ha sido la experiencia de Magda
Bandera. Publicó su primer libro en DVD y al poco tiempo un amigo
escritor, Gabi Martínez, le hizo un encargo para una gran editorial,
Plaza & Janés. Ahora, sus libros están incluso en Círculo
de Lectores. Por eso reconoce haber tenido mucha fortuna en esta “lotería
tan rara.” Se trataba de 39 veces la primera vez, un libro de entrevistas
que sorprendió por su tratamiento audaz. Ese éxito le ha
permitido convertirse hoy en una auténtica “mulata literaria”, que
no negra. “Los jóvenes lo tenemos muy difícil, y no podemos
permitirnos lujos. Si te llama un gran grupo es para hacer cantera y para
que no publiques con otro; luego no te promocionan y así no hay
nada que hacer, ves el partido desde el banquillo”.
Un lujo que algunos están dispuestos a
concederse. Ignacio Castillo recuerda cómo mandó su primera
novela a “las más importantes” sin obtener respuesta. Fue Lengua
de Trapo quien finalmente la publicó. Aunque lamenta el escaso eco
obtenido no se refugia en el victimismo, porque “mis libros son complicados
de leer y de publicar. Las editoriales grandes son empresas que buscan
vender. Una de las más importantes me pidió un libro sencillito
y más legible. Escribo lentamente, pero mi editor actual me deja
libertad absoluta. No tiene sentido ponerse de rodillas...”
Pactos con el poder
Irene Gracia, cuya última novela, Mordake,
editó Debate, opina que “es penoso para quien siempre ha querido
dedicar a la literatura descubrir que todo lo que la rodea es tan corrupto”.
Lo peor de la situación actual, señala, es que “se da el
mismo tratamiento a la literatura de verdad que a los best-sellers”. ¿Quién
es el culpable? “Los editores. Quedan pocos de verdad”. También
los medios, “a los que lo que menos les importa es la calidad de los libros”.
Pero también los autores, “que pactan con el poder prematuramente
y a cambio de muy poco”. Y un consejo a los primerizos: que tengan “muy
claro lo que quieren, a qué aspiran, apostar por su obra, saber
lo que les ha tocado: sufrir”.
La diferencia, subraya Rafael Reig, “sólo
debería ser el volumen de ventas, la cobertura de los medios y el
número de lectores. Pero es sólo cuestión de tiempo.
Si la obra vale acabará sintonizando con el público.” El
suyo es un caso paradigmático. Su primera novela apareció
en una “editorial efímera, que desapareció al poco tiempo”
y ni siquiera se distribuyó. La segunda, en Júcar, que también
cerró (“le juro que fue coincidencia”, bromea). La tercera, en Lengua
de Trapo, “tampoco tuvo mucha acogida”, pero la editorial confía
en él y se ha convertido en su agente. Y plantea otro problema:
“las editoriales menores acaban siendo clandestinas, porque no interesan
ni a distribuidores ni a libreros”. Por eso confiesa que estaría
encantado de acabar en una grande, aunque jamás “he pretendido hacerme
rico con la escritura”.
Peleas por la última migaja
Lengua de Trapo ha conseguido un hueco en el mundo
editorial en sólo seis años. Para Javier Azpeitia, uno de
sus fundadores, “puede parecer poco tiempo, pero es mucho, porque los responsables
no han cambiado, ni sus ideas. Eso no pasa en los grandes grupos”.
Luis Pérez Ortiz ha publicado tres novelas en Lengua
de Trapo. “Han tenido buenas críticas, pero dada la poca potencia
de la editorial, han tenido poca repercusión, una difusión
escasa y muy pocos lectores”. Afirma que “las grandes editoriales se pelean
por la última migaja, no dejan espacio para nadie, pasando por encima
del proceso natural de difusión de la literatura”. ¿El remedio?
“Que dejen espacio a los editores pequeños, que haya formas más
espontáneas de selección”.
Carlos Martínez Montesinos publicó
su primer libro con Lengua de Trapo gracias a un premio. Cree que es “la
forma de que te hagan algo de caso”. Lengua de Trapo presume de gastar
lo justo en publicidad. ¿Hubiera preferido Martínez Montesinos
algo más aparatoso? “Una vez que ves el libro en la calle agradecerías
algo más de promoción”. Cuando tenga una segunda novela,
dice, se la pasará a Lengua de Trapo. ¿Y si Anagrama llamase
a su puerta? “No lo dudaría si viniesen con unos millones, o sin
ellos, tampoco tengo ningún compromiso”.
También estaría dispuesto
a publicar en una gran editorial y abandonar los sellos menores Armando
Morón (1961), galardonado con el premio Max Aub de relatos por La
receta en 2000. Dos años después Páginas de Espuma
lo editó, formando parte de Crónicas del ombligo.
Pero Morón niega la mayor: no cree que existan editoriales fuera
del sistema. “Editar no es sólo producir y aunque a las grandes
editoriales les toque mayor parte del pastel, las pequeñas también
tienen sus lectores”. Si le llamase un gran grupo escucharía la
oferta pues “a quién le dan pan para que llore”, aunque duda de
que sus temas y forma de escribir puedan interesar a un grupo grande. “Sé
por experiencia lo que es tratar al escritor como nada, así que
sólo pido respeto”.
Su editor actual es Juan Casamayor, que dirige
junto a Encarnación Molina Páginas de Espuma, editorial madrileña
especializada en el relato breve, “un género tan exigente como la
novela”. ¿La elección del cuento perjudica a la editorial?
“Sí. Los libros de cuentos funcionan menos”. Pero editar novelas
no sería una salida para Páginas de Espuma.
Un espacio propio
“No podríamos competir. Pero nuestra preferencia
por el cuento nos convierte en una editorial de referencia. La especialización
es la clave para los editores pequeños”. “Buscamos una imagen como
la de Anagrama: que el lector llegue a comprarse un libro sólo por
ser nuestro”.
Chusé Raúl Usón es el editor
de Xordica, una “diminuta” editorial zaragozana que ha editado delicias
como 53 y octava de José María Conget. “Nadie se resigna,
pero al cabo de los años te das cuenta de que no tienes margen de
maniobra.” Entre sus autores, Usón destaca a Fernando Sanmartín,
que editará próximamente La infancia y sus cómplices,
o a Cristina Grande.
No todo son quejas. Federico Utrera, de HMR,
opina que “las dificultades de la edición no son distintas a las
del resto de propuestas culturales: la travesía del desierto es
inevitable”. Sabe que su trabajo “habrá de juzgarse a largo plazo,
a la luz de un catálogo amplio”, porque “en el mundo de la edición
no existen los pelotazos”. Y, aunque dice que lo único que les falta
de los grandes grupos es “el dinero”, “somos millonarios: nuestra moneda
es la libertad de creación”.
Capítulos de un libro mayor
Minúscula es, quizá, la más
afortunada de las editoriales más jóvenes. Su editora, Valeria
Bergalli, lo reconoce: “la repercusión ha sido excelente”. Para
Bergalli lo importante es “tener un catálogo coherente. Cada libro
que editas debe ser como un capítulo de un gran libro”. Al principio
pensaban encontrarse con dos dificultades: “Primero, la contratación
de los derechos sin tener nada que enseñar. Nos impusimos por el
propio proyecto”. En segundo lugar, la distribución: “Al principio
pensamos que los libros llegasen sólo a ciertas librerías.
Pero los distribuidores se entusiasmaron”.
Estos son sólo algunos de los editores
y escritores que no se anuncian, que no se ven, que apenas se leen. ¿Les
llegará el momento? Sería de justicia.
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