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Rompiendo lanzas a favor de la buena literatura |
| Los rumores corren desde hace años.
Los libros premiados en los concursos pertenecientes al grupo Planeta están
negociados de antemano. No sólo el conocido premio del mismo nombre,
sino también otros premios vinculados a los diferentes sellos del
poderoso monopolio editorial.
El hecho comenzó a cobrar dimensiones vergonzosas en 1994 cuando el escritor español Miguel Delibes confirmó a la prensa que había rechazado presentar un libro al concurso Planeta, que ese año se le otorgó a Camilo José Cela. Según Delibes, Planeta la había ofrecido presentarse al concurso, asegurándole que le otorgaría el premio; pero él rechazó los 50 millones del galardón, que entonces fue otorgado a Cela por su novela La cruz de San Andrés, obra por la cual la escritora Carmen Formoso presentó una demanda al considerla un plagio de otra que ella entregara a la editorial, también en 1994, y que el propio Cela tuviera en sus manos. Un poco después, en 1997, se producía otro escándalo mayúsculo cuando el escritor Gustavo Nielsen presentaba otra demanda, apoyada por documentos, donde se demostraba que el premio Planeta-Argentina había sido acordado de antemano para que recayera sobre la novela Plata quemada, de Ricardo Piglia. La obra premiada ya había sido contratada desde junio de 1994 por Espasa Calpe, una de las editorial del grupo Planeta. El reciente fallo de los magistrados, que reconoció el fraude después de una larga investigación, convirtió la espera y las esperanzas de los 264 concursantes a esa convocatoria en una burla y una pérdida de tiempo. Ahora, el reciente Premio Azorín de Novela 2005, otorgado a la escritora colombiana Ángela Becerra por su novela El penúltimo sueño, acaba de echar la última montaña de lodo sobre la inutilidad de presentarse a estos concursos. La noticia se hizo pública en un artículo firmado por el periodista Juan Antonio Giménez, quien publicaba en el diario alicantino "Información" que la editorial Planeta había concedido el Premio Azorín, dotado con 67.000 euros, a una obra cuya publicación ya se había acordado de antemano con una editorial colombiana. Con el título "La Diputación costea el jurado del Azorín que controla Planeta", el periodista afirmaba que la Diputación de Alicante pagaba en cada edición del Premio Azorín de Novela 1.800 euros a los cinco miembros técnicos del jurado, "lo que supone gastar en vano todos los años un total de 9.000 euros --millón y medio de las antiguas pesetas-- de dinero público, puesto que los designados por la editorial Planeta tienen el poder de decidir el ganador al ser mayoría." Según el artículo, "la editorial catalana ha colocado en el jurado a escritores de su nómina, con lo que se garantiza en la mayoría de los casos elegir el ganador". Además, el periodista recordó que "en los últimos dos años se ha roto la tradición de que estuviera en el jurado el ganador de la anterior edición. En 2004, en lugar de Javier García-Sánchez, fue nombrada María de la Pau Janer, que había resultado finalista del Premio Planeta dos años antes. En la edición de este año, que se falló el pasado jueves día 3, el alicantino Manuel Mira Candel fue suplido por Eugenia Rico, que se había alzado con el Premio Azorín en 2002 y que un año antes de obtener el galardón ya había publicado su primera novela con Planeta." Pero la afirmación que encendió el polvorín venía al final del artículo, cuando Giménez aseguraba que: "En la votación final de este año, la novela de Ángela Becerra, El penúltimo sueño, se impuso a la otra finalista por sólo un voto de diferencia. Según ha podido saber este diario de fuentes solventes, los cuatro votos a favor de Becerra, autora que ya había publicado antes su primera novela en Planeta, correspondieron a los jurados designados por la editorial mientras que los tres apoyos a la obra finalista fueron de las voces alicantinas." Después de esto se ha sabido que la obra ya estaba contratada de antemano por una editorial colombiana, lo cual debió de haber descalificado automáticamente el galardón, una de cuyas bases aclara que los autores deben acompañar cada manuscrito con una carta firmada donde se garantice que dicha obra no tiene compromisos editoriales previos en el momento de presentarse a concurso. Sin embargo, en un gesto sin precendentes, la editorial Planeta ha consentido que se infrinjan las bases de su concurso y ha justificado el premio, diciendo que "Planeta tiene los derechos para todo el mundo, menos para Colombia, donde los tiene Villegas Editores". La editorial ubicada en Bogotá ya publicó la primera novela de Becerra en 2003 y ahora, tal y como anuncia en su portal, lanzará El penúltimo sueño en el país latinoamericano el próximo 29 de abril. Un portavoz de Planeta trató de justificar el hecho, diciendo que, tras la obtención del Premio Azorín, el editor colombiano se había puesto "en contacto con la autora al día siguiente o dos días después, y le pidió publicar la novela en Colombia". Pero la secuencia de los hechos contradice esa afirmación. La misma noche del fallo, la editorial colombiana ya había confirmado a la agencia EFE que lanzaría la novela de Becerra en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, el próximo abril. Resulta imposible, pues, creer en la versión de Planeta y de Antonia Kerrigan, agente literaria de la escritora, quienes habían dicho que Villegas Editores llamó a la autora "al día siguiente o dos días después de fallado el premio". La propia Kerrigan ya había asegurado al diario alicantino que efectivamente existía ese compromiso previo con la editorial Villegas Editores, antes de que se fallara el prestigioso premio. Más tarde, la agente se retractó en un comunicado, empleando las mismas palabras que usara Planeta en el suyo. La indignación de los lectores y de los propios escritores no se ha hecho esperar, según reflejan los cientos de cartas y comentarios que han aparecido en numerosos periódicos y portales de Internet. Como decía uno de ellos: "Ya se sabe que todos los premios que patrocina Planeta están amañados. Habría que divulgarlo para que los pobres incautos, ilusionados en que alguien leerá su original enviado, no pierdan el tiempo. Es indignante que jueguen así algunas editoriales con la ilusión y las esperanzas de los buenos escritores (que los hay desconocidos) y luego les den cancha a figuras mediáticas... Espero que los escritores ingenuos dejen de hacer el paripé enviando sus obras a un concurso de Planeta en el que ni siquiera los leerán, y que los jurados adquieran un poco más de dignidad en lugar de asumir el papelón que les adjudican." |