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Rompiendo lanzas a favor de la 
buena literatura

 
El extraño caso de La sombra del viento
por Nuncio Hernández Valle

     En estos tiempos de mercadeo constante, es difícil hallar autores que escapen al germen del facilismo y la tontería, de la superficialidad y del disparate. Por eso, cuando hallamos una obra que de inmediato se diferencia de otras del montón por su originalidad, su lenguaje y su respeto por la inteligencia del lector, es casi hora de organizar una fiesta.
     La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (Planeta, 2001), es uno de esos libros. Convertido ahora en un extraño best-seller del que pocos medios de prensa hablan con profundidad, pero que ha vendido miles de ejemplares en el mundo.
     La trama de la novela se inicia cuando un muchacho, hijo de un librero, es llevado por su padre a un lugar misterioso y secreto: El Cementerio de los Libros Olvidados. El padre explica la razón de ser de aquel sitio: “Este lugar es un misterio, Daniel,  un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte…. Cuando una biblioteca desparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu…” (p. 10)
      Así, pues, ya desde sus inicios, el autor establece una especie de universo maravilloso, cuyos responsables son los propios libros. Desde el inicio de la novela, el libro se convierte en un elemento que necesita del lector para vivir o justificar su existencia. Porque una de las tesis de la novela parace ser que un libro vive y se hace fuerte y poderoso, gracias a la avidez del lector. Por ello, una vez que un libro queda fuera del alcance o del interés humano, es guardado en un lugar misterioso --en esa especie de limbo-- que es la biblioteca. 
      Es entonces cuando el lector se entera de que, cuando alguien es llevado a ese santuario, la costumbre es que el nuevo visitante ”tiene que escoger un libro, el que prefiera, y adoptarlo, asegurándose de que nunca desaparezca, de que siempre permanezca vivo” (p.11).
      En un estante, Daniel encuentra un tomo insignificante que, por alguna razón, le llama poderosamente la atención. Con el paso de los días, comienza a interesarse por la suerte de ese autor a quien nadie recuerda. Cada vez más obsesionado, comienza a indagar por él, en una labor detectivesca que encuentra los más inesperados obstáculos y episodios donde se entremezclan la literatura gótica y de terror, el melodrama y el suspense, la novela histórica y la romántica…
      Poco a poco, la historia del autor desconocido comienza a acercarse peligrosamente a su vida. ¿O quizás es el protagonista quien comienza a acercarse a la vida del misterioso autor?   
      La sombra del viento es una novela engañosamente sencilla. Aunque está escrita con estilo clásico y lineal, continuamente surgen preguntas que van siendo respondidas poco a poco, a medida que nos adentramos en la obra. Y la historia se va desenvolviendo ante nuestros ojos con un efecto de “cebolla”: una vez que dejamos atrás un obstáculo, lo que aparentaba ser ese obstáculo se convierte después en otra cosa, y luego en otra, y después en otra más… lo cual hace que el lector se vea obligado a seguir, casi con desespero, una trama extraordinariamente bien tejida, que al final no deja ni un sólo cabo suelto en la sucesión de misterios que parecían no tener fin.  
      Una de las características más notorias de la novela es su prosa perfecta y estudiada. No existe nada pomposo ni complejo ni barroco ni melodramático ni grosero en ella. Todo lo contrario. Las ideas llegan fácil y elegantemente al lector, pero no porque su autor se las “mastique” o se las repita muchas veces, como se ve últimamente en ciertos best-sellers que tratan a los lectores como si fuéramos un atajo de imbéciles (por ejemplo, en El código da Vinci el autor acostumbra a repetir dos y tres veces la misma idea de diferentes maneras para ver si nos enteramos, confudiéndonos, sin duda, con individuos mongoloides). 
      Pero Ruiz Zafón respeta demasiado a sus lectores. Su narración se basa en la premisa de que un lector medianamente inteligente comprenderá una adjetivación precisa y dosificada. De este modo, el autor es capaz de convertir imágenes muy gastadas en la literatura en otras nuevas de sorpresiva frescura y gracia. Ese gracejo literario es uno de los elementos que hace de La sombra del viento una joya literaria.
      Otro aspecto digno de señalar es el atinado manejo en la psicología de sus personajes. Pese a la gran variedad de clases sociales, modos de vida y aspectos emocionales, cada uno de los personajes se nos presenta como un ente vivo y perfectamente creíble. Existe una evolución en todos ellos: una cualidad que parecen haber olvidado el cincuenta por ciento de los autores contemporáneos, para los cuales sus personajes son títeres o monigotes que comienzan siendo de una manera... y terminan la historia siendo exactamente iguales. No porque les hayan sucedido ciertas cosas, ésto parece variar sus personalidades. Quizás no todos los lectores se den cuenta cabal o consciente de la falla, pero al final son capaces de decidir por qué una obra o un personaje se convierte en una entidad querida o memorable.  
      Si en ocasiones anteriores he criticado a la editorial Planeta por su desastroso empeño de promover obras y autores francamente inmundos, esta vez levanto mi copa en su honor por habernos permitido conocer este libro. 
      Ruiz Zafón ha logrado revitalizar la novela contemporánea, estudiando —como ha dicho él mismo— a los autores clásicos. Y esto constituye una delicia para el paladar del lector moderno, saturado de tanta bazofia escrita con premura. Sin duda, La sombra del viento es una rara avis que al lector le costará trabajo olvidar. 
       
Nuncio Hernández Valle (Santiago de Chile, 1964). Profesor e investigador. En 1973 viajó con sus padres a Cuba, donde permaneció hasta 1985. En su juventud decidió marcharse a Suecia. Después vivió durante diferentes períodos en España, Francia y Alemania. Allí se casó, y tuvo dos hijos. Actualmente vive en Vermont, Estados Unidos, donde imparte clases de idioma y gramática españolas. Este texto fue escrito especialmente para Red Literaria. Se permite su reproducción en cualquier medio, aclarando la fuente original.