| ¿Quién fue J.
R. R. Tolkien? El autor inglés luchó en la Primera Guerra
y se crió escuchando historias épicas, pero pasó
la mayor parte de su vida en la placidez académica de Oxford. Una
ojeada a su vida para comprender mejor su famosa trilogía.
Desde que se publicó
por primera vez, en 1954, El señor de los anillos ha vendido
casi cien millones de ejemplares, generando lectores, críticos,
analistas y adictos que lo han leído decenas de veces. Tolkien (1892-1973)
nunca imaginó el éxito que tendría; tampoco que ése
sería el resultado cuando se le encargó hacer una continuación
para El hobbit, su primera novela. La trilogía, que a través
de sus constantes reediciones nunca dejó de estar presente en las
librerías, es considerada como el libro de ficción más
popular del siglo XX.
Leyendo la obra de Tolkien es posible
imaginar a este inglés como testigo cercano de las conquistas de
Gengis-Kan en el siglo XIII, o de la batalla de las Termópilas en
el 480 a.C. No fue, sin embargo, más que un filólogo de vida
relativamente sedentaria, profesor de Oxford que obtuvo varios doctorados
honoris causa, y creador de nueve lenguajes diferentes.
La historia empieza hace más
de un siglo, en 1891, cuatro años antes de la invención del
cinematógrafo por los Lumiére. Ese año, un matrimonio
joven, Mabel Suffield y Arthur Tolkien, se muda de Inglaterra a Ciudad
del Cabo; él, un empleado del Lloyds Bank que provenía de
una familia de fabricantes de pianos; ella, de una familia en bancarrota.
Habían sido novios casi en secreto, desde los 18 a los 21 años.
Cuando el padre de Mabel les permitió casarse, no lo dudaron. Sin
embargo, tras el nacimiento de John Ronald Reuel, el 3 de enero de 1892,
y el de Hilari Arthur Reuel en 1894, ella decidirá volver a Inglaterra
con sus hijos, enferma y cansada de las aburridas obligaciones sociales.
En 1895 los tres desembarcan en Inglaterra. Al año siguiente, Arthur
Tolkien moriría de una hemorragia, en Sudáfrica, sin volver
a verlos.
De esos pocos años en África,
Tollers, como le dirían de ahí en adelante sus amigos, no
recordaría más que unas palabras de afrikaans y la imagen
de un paisaje seco y polvoriento, según le dijo a Humphrey Carpenter,
autor del desparejo libro J.R.R. Tolkien, una biografía (Minotauro,
1990).
Luego de su vuelta a Inglaterra,
Mabel Suffield, con sus dos hijos, se encontró casi desamparada
por los Tolkien, y se mudó con su familia a Birmingham. Extrovertido
y amable con los adultos, John Ronald Reuel se encontró de pronto
oyendo historias legendarias e improbables acerca de su propia familia.
Su abuelo materno le contaba del origen monárquico del apellido
Suffield y las distinciones obtenidas por sus antepasados. La historia
más ambiciosa tal vez haya sido la que le contaba su tía
Grace acerca del origen de su apellido; según ella, el nombre de
la familia era Von Hohenzollern, por provenir del distrito de Hohenzoller,
en el Sacro Imperio romano. Un tal George von Hohenzollern había
luchado junto al archiduque Fernando de Austria durante el sitio de Viena
de 1529, condujo luego una invasión contra los turcos y se apoderó
del estandarte del sultán. Por esta razón había recibido
el apodo de Tollkühn, temerario, y luego en su versión francesa
du
téméraire. La leyenda incluía diferentes versiones
de cómo había llegado a Inglaterra: una decía que
fue en 1756, escapando de la invasión prusiana a Sajonia, donde
tenía tierras. Tía Grace también contaba que un du
téméraire había huido a través del canal
en 1794 para eludir la guillotina, historia que, básicamente, se
repetía en varias familias inglesas de clase media. Pero en los
hechos se comprobaba la presencia de varios Tolkien a comienzos del siglo
XIX, que en efecto eran fabricantes de relojes y pianos. A pesar del tono
épico
de estas historias, J.R.R. se sentía más cercano a su familia
materna, y escribió una vez "aunque Tolkien de nombre, soy Suffield
por mis gustos, aptitudes y educación".
Su madre se encargaría de
complementar la formación de los hermanos enseñándoles
latín y francés, además de botánica. Los cuidó
como madre, padre, institutriz y tutora. A propósito de su primer
intento de narración, a los siete años, Tolkien comentaba:
"No recuerdo nada de él, a excepción de un hecho filológico.
Mi madre no hizo comentarios acerca del dragón, pero señaló
que no se podía decir 'un verde dragón grande', sino 'un
gran dragón verde'. Me pregunté por qué, y todavía
me lo pregunto".
Mabel les daba toda la lectura que
estaba a su alcance. El escritor recordaría cómo se divirtió
con Alicia en el país de las maravillas, pero no con Stevenson ni
los cuentos de Andersen. Sus favoritos eran los libros de George Macdonald,
que hablaban de un reino remoto donde bajo las montañas acechaban
deformes y malévolos duendes.
Mabel falleció cuando él
tenía doce años. Junto a su hermano fue puesto bajo la tutela
del padre Francis Morgan, amigo de la familia, que a su vez los derivó
a casa de una amiga personal. Allí conoció a Edith Bratt,
otra pensionista, tres años mayor que él y aplicada estudiante
de piano. Se enamoraron en secreto y, al enterarse el padre Francis, lo
trasladó de alojamiento. Un año después seguían
viéndose, y fueron otra vez descubiertos, tras lo cual se les prohibió
hacerlo hasta tanto él no cumpliera los 21 y estuviese fuera de
su tutela.
Luego de un intento fallido, entra
a Oxford en 1910 cuando gana una beca para el Exeter College. Dedicaría
todo ese año a trabajar en la biblioteca de la King Edwards School,
donde estudiaba. Allí se uniría al Tea Club Barrowstudents
(T. C. B. S.), donde un grupo de amigos se encontraba fuera de hora para
discutir sobre literatura y leer sus trabajos. A ellos les presentaría
"Wood Sunshine", su primer poema, que pergeñaba, de forma por demás
inocente, a un grupo de hadas bailando en un bosque.
Además del T.C.B.S., participaba
de la Sociedad de Debates en su escuela. Allí leía con esfuerzo
sus textos sobre Shakespeare o sobre las conquistas normandas a partir
del siglo IX y, más adelante, exponiendo no sólo en latín,
como era la costumbre, sino en griego e incluso gótico, que desde
hacía unos años estudiaba por su cuenta.
Católico practicante por herencia
materna, Tolkien gustaría debatir largas horas sobre religión.
Años más tarde, su amigo y filólogo C. S. Lewis abandonaría
el protestantismo por un tiempo gracias a su influencia, y también
llevaría a su futura esposa Edith a acercarse al catolicismo. Carpenter
entiende que su religiosidad y la mitología apócrifa que
creó no se contradicen en ningún momento. Dice: "El Silmarillion
es la obra de un hombre profundamente religioso. [Dios] está allí,
incluso de forma más explícita que en El señor...
[...]". Y aún va un poco más allá, colando un sutil
comentario personal al afirmar que "como buen cristiano, no podía
situar esta visión en un cosmos donde no estuviera el Dios que él
adoraba".
Ya en Oxford, participó de
cuantas actividades pudo: el Club de Ensayos, la Sociedad Dialéctica,
la Sociedad de Debates y su propio Club para ponencias, discusiones y cenas.
Al enterarse del gusto de Tolkien por el galés, Joseph Wright, su
profesor de filología comparada, le aconsejó: "Dedícate
al celta, muchacho, ahí hay dinero". Profético, el profesor
no anunciaba una mina de oro, aunque sin saberlo se adelantó de
algún modo al surgimiento de la New Age. Tolkien, por su parte,
no desatendió esto, y tanto en El hobbit como en El señor...
utilizaría
runas, signos alfabéticos tomados de la escritura de los pueblos
germánicos y escandinavos, para alimentar su propia mitología.
Durante esos años estudió
islandés y las sagas nórdicas de la Edda Menor y la Edda
Mayor, que lo fascinaron con su relectura del origen del universo. Descubrió
también al pintor y poeta William Morris (1834-1896), quien en su
poema "The House of the Wolfings" había tratado de recrear la fascinación
que él mismo había sentido ante las primeras narraciones
inglesas e islandesas, utilizando un estilo cargado de arcaísmos
que buscaban el tono de las viejas leyendas.
Luego, las trincheras
Al estallar la Primera Guerra Mundial,
fue convocado por el ejército. Al comienzo se sintió aliviado
de estar lejos de los "sleepies" (dormilones) de Oxford, como denominaba
a sus compañeros. Pasó a ser instructor en la división
de los Lancashire Fusiliers y, meses después, serviría en
los campamentos en forma rotativa. En 1916 se especializó en señales
y, tras un breve aprendizaje, fue designado oficial de señales de
su batallón.
Durante el entrenamiento, Tolkien
escribiría su primer cuento, "inspirado" en el estilo de Morris
y con un argumento tomado de uno de los poemas del Kalevala. En 1916 se
casó con Edith, tras lo que debió volver al frente, en Francia,
mientras ella quedaba embarazada. En esa etapa se dedica a los "Cuentos
perdidos", muchos de los cuales darían origen a El Silmarillion.
Le contaría a su biógrafo que los paseos con su esposa por
el bosque, y la imagen de ella cantando y bailando ante él, inspiraron
el relato que originaría ese libro: la historia de un hombre mortal,
Beren, que amaba a una doncella inmortal, Lúthien Tinúviel.
Pero la realidad del continente era
un tanto más cruda. Durante la guerra, Gran Bretaña perdió
una generación: medio millón de hombres que no habían
cumplido aún los treinta años, en su mayor parte de las capas
altas, cuyos jóvenes, obligados a dar ejemplo en su condición
de oficiales, eran los primeros en caer. De los alumnos de Oxford y Cambridge
menores de 25 años que estuvieron tras las trincheras en 1914, una
cuarta parte perdió la vida. Entre ellos había dos de los
compañeros de Tolkien del T.C.B.S.
Afectado de una pirexia, se retiró
del frente por algunas semanas. En ese período escribió el
relato "La caída de Gondolin", que sería incluido hacia el
final de El Silmarillion. Esos cuentos, comentaría años
después, "surgieron en mi mente como cosas dadas, y se vinculaban
entre sí a medida que iban llegando (...); siempre tuve la sensación
de registrar algo que ya estaba allí, en alguna parte, jamás
la de inventar".
Con una economía arruinada
durante una guerra que estaba fuera del alcance de sus posibilidades y
recursos, Gran Bretaña no volvió a ser la misma a partir
de 1918. La vida de Tolkien tampoco. A su regreso se encontraría
con su primer hijo, John Francis Reuel, y lograría un puesto como
lexicógrafo asistente en la preparación del New English
Dictionary. En 1920, luego del nacimiento de su segundo hijo, Michael,
conseguiría un puesto en la cátedra de Lengua de la Universidad
de Leeds, donde en poco tiempo ganó una destacada reputación.
Sin pensar aún en su publicación --y a pesar de la popularidad
que tenían por entonces los libros de Lord Dunsany-- continuó
trabajando en El Silmarillion añadiéndole textos en
verso y en prosa. Junto a otro profesor creó el Viking Club, donde
los alumnos se reunían a tomar cerveza, leer poemas nórdicos
y cantar. En 1924 nace Christopher Reuel Tolkien, y en 1929 Priscilla Mary.
A esa altura, ya era el titular más joven de la cátedra de
Lengua Inglesa y de la de Lengua Anglosajona.
A través de sus fotografías,
se lo puede distinguir como un hombre de vestir moderado y discreto. Coincidía
con su amigo, el profesor C.S. Lewis, en rechazar todo lo que fuese signo
de dandismo o amaneramiento. Desde su adolescencia sería notoria
la velocidad e imprecisión de su discurso. Hablaba rápida
y confusamente, saltaba de una idea a otra y trufaba su discurso con referencias
mezcladas. Sin embargo, los testimonios de alumnos aseguran que cuando
el oyente se acostumbraba a esas características, no era difícil
comprenderlo y, a poco de comenzar la charla, se ganaba a su auditorio
por su simpatía.
Entre 1920 y 1953 se dedicó
a traducir y anotar al inglés contemporáneo antiguos poemas
como "Pearl" y "Sir Orfeo". Paralelamente seguiría dedicado a sus
trabajos literarios. Acerca de la raza del protagonista de su primera novela,
diría que "los hobbits son simples campesinos ingleses, pequeños
de tamaño, porque esto refleja el alcance generalmente escaso de
su imaginación, aunque de ningún modo de poco valor o energía
latente... Siempre me ha impresionado que estemos aquí, que hayamos
sobrevivido a causa del indomable valor que gentes muy pequeñas
opusieron a fuerzas abrumadoras".
El hobbit fue publicado en
1937 y su éxito inmediato sugirió a Stanley Unwin, su editor,
que debía haber una segunda parte. Tolkien se pone a trabajar en
ella de inmediato, y con el tiempo iría creciendo insospechadamente,
al principio sin planificación. La terminaría en 1949, concretando
así las casi 1500 páginas de El señor de los anillos.
De la misma manera que ocurriría
luego con esta involuntaria trilogía, El hobbit había
sido comenzado y abandonado hacia 1930, como un solo capítulo y
un bosquejo de mapa. A pesar de sus ideas, no planificó la conexión
entre éste y los textos que en ese momento formaban El Silmarillion.
Pero ya avanzado el trabajo, las referencias no dejaban de colarse.
Años más tarde diría
que El señor... "olvidaba a los niños para convertirse
en algo más aterrador que El hobbit", y sin embargo, sobre
ciertos comentarios expresamente dirigidos al público infantil que
había en este libro, diría que "no estoy interesado en el
'niño' como tal, moderno o como sea, ni tengo la intención
de ir a su encuentro a la mitad o un cuarto del camino".
Alucinógeno y antiético
El repentino éxito que obtuvo
El
señor..., a partir de su publicación en 1954, provocó
críticas de diverso tono. Se le acusó de haber ubicado Mordor,
las tierras donde reside el Mal, al este, como si se tratase de una alegoría
sobre Rusia (en 1939 había dicho que "Rusia es mucho más
responsable que Hitler de la crisis presente"). Por su parte, él
había dicho que le desagradaba la alegoría y que había
ubicado esas tierras allí simplemente por necesidades formales.
A su editor le diría, en el
momento de enviarle una copia del primer manuscrito, que "está escrita
con la sangre de mi vida, espesa o licuada, como sea, y no puedo hacer
otra cosa". Al tiempo relato épico, de iniciación, de aventuras
y --a diferencia de la excelente La historia interminable del alemán
Michael Ende-- un homenaje a la imaginación sin necesidad de alegorías,
El
señor... narra el viaje de un grupo de seres de diversas razas
en busca de la destrucción del anillo que otorga poder de dominar
la Tierra Media a Sauron, el Señor Oscuro.
De acuerdo al primer lector que tuvo,
el hijo del editor Unwin, la novela no era para niños ni para adultos
y, por lo tanto, difícil de encajar en una línea editorial.
Unwin se arriesgó y decidió dividirla en tres tomos, formato
con el que se popularizó hasta hoy. Tolkien cobraría 50 por
ciento de las ganancias, en lugar de un adelanto por derechos de autor,
lo que abarataba levemente los costos previos a la edición.
En Estados Unidos sería editada
en 1964 y superaría muy pronto el millón de ejemplares vendidos.
Allí recibió un culto universitario, muchas veces asociado
a la protección de la naturaleza y al retorno a la novela heroica.
Los críticos hablaron de escapismo y de influencia indirecta de
las drogas alucinógenas. Aparecieron artículos con títulos
tales como "Análisis paramétrico de la ironía y el
conflicto antitético en El señor de los anillos".
Se fundó pronto una Tolkien Society of America, y luego otra en
Inglaterra; el ejemplo seguiría en muchos países, incluso
en lugares insospechados, como Borneo.
Como consecuencia del éxito,
Tolkien diría que "ser en vida una figura de culto no es nada agradable.
Como quiera que sea, no creo que ayude mucho a engreírlo a uno;
en mi caso, me hace sentir en extremo pequeño e incapaz. Pero ni
siquiera la nariz de un ídolo muy modesto puede mantenerse del todo
indiferente al dulce olor del incienso". Cuando en 1959 se retiró
de su cátedra en Oxford, haría referencia a ciertos cambios
que le molestaban y de "la degeneración de la curiosidad y el entusiasmo
legítimos en economía planificada, según cuyas normas
se embutía un tiempo determinado de investigación en tripas
de tamaño más o menos estándar, para fabricar salchichas
del tamaño y forma aprobados por nuestro propio y pequeño
libro de cocina".
A partir de allí, sus trabajos
perdieron método. La reescritura de El Silmarillion se demoró
mayormente por el tiempo que dedicaba a contestar correspondencia, a sus
trabajos de traducción y a redactar apostillas a sus libros, que
enriquecían el universo en el que se ambientan, y trataban, por
ejemplo, de la industria tabacalera de los hobbits.
Murió el 2 de septiembre de
1973, dos años después que Edith. El Silmarillion
quedó inconcluso y sin orden, así como decenas de apuntes,
genealogías, mapas y cronologías, que con paciente trabajo
serían recopilados, anotados, publicados y explotados por su hijo
Christopher. En parte, ello significa un homenaje a la enorme labor de
su padre, y en parte el mantenimiento de una pequeña industria Tolkien
que hoy, más que nunca, con las películas, vuelve a florecer.
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